Rocío Wanninkhof, joven asesinada en Mijas en octubre de 1999

Rocío Wanninkhof: el crimen que España volverá a revivir a partir del 23 de abril

Netflix estrena un documental sobre uno de los casos más rocambolescos de la crónica negra en nuestro país

El salvaje crimen de una joven, una investigación llena de errores, una condenada sometida a escarnio público que resultó ser inocente, un asesino en serie y muchas dudas. Estos son los ingredientes del caso más rocambolesco de la crónica negra en España que Netflix ha convertido en documental y que verá la luz el 23 de abril: el caso Rocío Wanninkhof.

El «true crime», un género que mezcla casos reales con recursos de ficción, está de moda. Netflix ya ha lanzado varios de estos documentales con gran éxito, y ahora se ha fijado en un caso que conmocionó a toda un país y que tiene todos los ingredientes para triunfar. Con su estreno, España volverá a revivir uno de sus casos más traumáticos.

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«El Caso Wanninkhof» («Murder by the coast» en inglés) revisa veinte años después el crimen de Rocío Wanninkhof, las lagunas de aquella investigación, el calvario que atravesó la falsa culpable Dolores Vázquez, el crimen posterior de Sonia Carabantes y la detención de Tony KIng. Todo, en «una apuesta fílmica que cubre los múltiples prismas y facetas de un caso desde un punto de vista judicial, político, sociológico, de género y mediático». 

Es el segundo gran estreno de Netflix sobre un crimen real en España, después del gran éxito que cosechó «El Caso Alcàsser». Además, el caso Wanninkhof ya fue objeto de una ficción en 2008, con la miniserie dramatizada que estrenó TVE y que se centraba en la figura de Dolores Vázquez. El nuevo documental de Netflix està realizado por la productora, guionista y escritora española Tània Balló.

Un crimen que conmocionó a España

El 9 de octubre de 1999, Rocío Wanninkhof, una joven de 19 años, había pasado la tarde en casa de su novio, en La Cala de Mijas (Málaga). Hacia las nueve y media de la noche salió hacia su casa, con la intención de ducharse y arreglarse para volverse a ver con su novio en la feria de Fuengirola. Rocío desapareció en los 500 metros que separan ambas viviendas, y se puso en marcha un dispositivo de búsqueda sin precedentes.

El 2 de noviembre apareció su cadáver en un parque a 28 kilómetros del lugar donde había desaparecido. El cuerpo estaba desnudo, y presentaba ocho puñaladas en la espalda y una en el costado izquierdo. A pocos metros había dos bolsas de basura con la ropa de la joven, y una pegatina que se había repartido durante las tareas de búsqueda.

Además, el propietario del restaurante que se encontraba en los terrenos donde apareció el cadáver reconoció por la tele a una familiar de Rocío, y explicó a la policía que meses antes se habían reunido para comprarle la propiedad. Con todos estos detalles, la investigación de la policía se centró en el entorno familiar de la víctima.

Así llegaron hasta Dolores Vázquez, una mujer con la que la madre de Rocío, Alicia Hornos, había mantenido una relación sentimental. La policía estrechó el cerco sobre la sospechosa. Incluso se intervino su teléfono e infiltraron a una agente que la describió como una mujer fría y calculadora. La propia Alicia Hornos estaba convencida de la culpabilidad de Dolores Vázquez, y el circo mediático elevó la presión social contra ella.

El de octubre de 2000, la policía detuvo a Dolores Vázquez como sospechosa de la muerte de Rocío Wanninkhof. Fue interrogada en múltiples ocasiones y nunca se derrumbó. La única prueba en su contra era una supuesta coincidencia de ADN que luego las pruebas descartaron. La Audiencia Nacional la condenó a 15 años de prisión, y después de 17 meses la sentencia fue recurrida al Tribunal Supremo, que decretó la libertad bajo fianza.

Un giro definitivo en el caso

La sentencia del Tribunal Supremo reconocía la influencia que había tenido la presión mediática en la decisión de los jueces, y puso en evidencia los errores que se habían cometido en la investigación del caso. 

Todo cambió en agosto de 2003, cuando cerca del lugar donde había sido asesinada Rocío apareció otra joven muerta. Era de Sonia Carabantes, una chica de 17 años que había desaparecido un mes antes. Un hecho llamó la atención de los investigadores: el ADN hallado en el cuerpo de Sonia coincidía con el de una colilla recogida en el lugar donde apareció muerta Rocío Wanninkhof.

Esto cambió por completo el curso de la investigación y Dolores Vázquez, que tenía que ser sometida a un nuevo juicio, dejó de ser sospechosa. Poco después, una mujer denunció a la policía que su marido, un británico residente en la zona, era el autor de los crímenes y de otras agresiones sexuales en Málaga. Tony King, un hombre con un largo historial delictivo en su país, confesó su autoría y fue condenado a 19 años de cárcel por el asesinato de Rocío, 36 por el de Sonia y 7 por otra agresión sexual.

Los investigadores siempre sospecharon que Tony King estuvo también detrás de la desaparición de María Teresa Fernández, una joven de Motril que desapareció durante las fiestas de su pueblo en 2000. Cumple condena en una cárcel de Ciudad Real bajo el régimen penitenciario más duro que existe, y solo ve la luz del día durante 3 horas.