Sanitarios con equipos de protección trasladando a un paciente

'Tengo 35 años, pillé el Covid, estuve en la UCI y colapsé al ver fallecer mi compi de habitación'

Lorenzo ha contando su experiencia en el hospital tras ser ingresado por Coronavirus

Las salas de los hospitales están llenas de historias que se han truncado tras aparición del Coronavirus en España. Una de esas historias en la de Lorenzo, de 35 años, a quien la vida lo sacudía duramente tras contraer el virus.

Lejos de vivir su dolor en silencio, el susodicho ha querido compartir su experiencia a través de su muro de Facebook para concienciar a los más jóvenes sobre la gravedad que supone contraer el virus y animaros a que cumplan con las medidas impuestas por el Gobierno.

Con un casco para respirar, Lorenzo subía una foto a su perfil desde el hospital en el que está hospitalizado, Arezzo (Italia), con el fin de difundir su historia, una historia que lo ha llevado a estar en estado crítico.

Las impactantes palabras de Lorenzo

«Muchos me han pedido que les cuente mi experiencia con el Covid-19. Muchos ya han leído estas palabras (no las escucho porque todavía no puedo hablar correctamente), pero tal vez sirva para sensibilizar a quienes aún persisten en llevar la mascarilla por debajo de la nariz y cenar con amigos...», comenzaba diciendo.

Después de esta breve introducción, el susodicho terminaba revelando como había acabado en la UCI: «El 19 de octubre tuve que ir a urgencias oftalmológicas del hospital de Arezzo por una lesión corneal. Había muchos pacientes esperando, todos equipados con mascarilla y gel desinfectante. Pero, lamentablemente, de alguna manera, el virus, ya sea gracias a la disminución de las defensas inmunitarias o al hecho de que a menudo inconscientemente me tocaba el ojo, logró pasar».

«Después de 5 días, mientras estaba en la oficina, me dio un ligero dolor de cabeza y cuando llegué a casa tenía 37,3 grados de fiebre. Me aislé automáticamente. A la mañana siguiente fui, en privado, a realizar la prueba serológica que resultó negativa. Pero una vez en casa, la fiebre había subido a 38,5. No tuve otros síntomas. Ni resfriado ni tos, podía oler, saborear y todo. Pero la fiebre siguió subiendo a pesar de los 4.000 antipiréticos que tomaba al día», explicaba el joven.

Poco a poco su situación ha ido adquiriendo una mayor gravedad. «Mi médico me pidió el hisopo, lamentablemente no había lugar disponible en toda la provincia y tuve que esperar otras 24 horas. No queriendo involucrar a nadie de la familia, tomé el auto y fui solo. Ya sentía que algo había cambiado, me faltaba el aliento y estaba empezando a luchar para hablar. Una vez de regreso, mi papá me hizo encontrar el oxímetro que había comprado en Amazon unos días antes. Mi saturación era de 91 con una tasa de reposo de 109. Muy poco oxígeno con demasiados latidos. Mi médico no se sintió cómodo y prefirió alertar a los servicios de emergencia», revela.

Sin embargo, los servicios de emergencia ya estaban colapsados por lo que «al día siguiente, ya no podía hablar . Desde el dormitorio hasta el baño sentía la falta de aliento. Respirar era difícil y me sentía como un pez recién pescado ... Jadeaba. Inmediatamente me llevaron a San Donato en Arezzo. Estuve 50 minutos esperando en la sala de emergencias, porque a pesar de que eran las 10:30 horas de la noche, había otras cinco ambulancias frente a mí».

«Después de la visita y el hisopo me llevaron a enfermedades infecciosas. Con la radiografía de tórax notaron que el pulmón derecho estaba prácticamente colapsado y el izquierdo también en mal estado», confesaba.

La pesadilla vino más tarde

Poco a poco el estado de salud de Lorenzo fue a peor, hasta tal punto que le «pusieron un casco para respirar, oxígeno inyectado a 60 l / minuto, un ruido ensordecedor y continuo que me impedía escuchar lo que decían los médicos. Y solo podía expresarme con gestos porque no tenía aliento y solo podía concentrarme en la respiración, ya que el aire no era suficiente para mí».

Fue en ese momento cuando los médicos decidieron llevarlo a la UCI. «Desnudo en una cama con médicos y enfermeras merodeando por la habitación, dándome medicamentos para que mis pulmones siguieran funcionando. Intentaron animarme, pero psicológicamente fue muy difícil», confesaba.

Aunque sin duda el golpe más difícil para él fue cuando tuvo que hacer frente a la muerte de su compañero de habitación: «En ese momento colapsé. Al cuarto día llamaron a mis padres para decirles que me intubarían. No estaba mejorando y era la única forma de avanzar. Mis dos padres envejecieron en ese momento. Esa noche, el médico de reanimación intentó hacerme sentar boca abajo, que entre el casco y todo lo demás era una situación alucinante, pero por suerte estaba sedado. Milagrosamente, los alvéolos comenzaron a abrirse».

Su situación actual

A pesar de que poco a poco está mejorando e incluso está aprendiendo de nuevo a respirar por si mismo. Sin embargo, y tras este susto que casi le cuesta la vida, Lorenzo ha querido desmentir el mito de que la gente joven está exenta de verse afectada por esta enfermedad.

«Tengo 35 años, voy al gimnasio y estoy en excelente forma física , no tengo patologías previas, disfruto de excelente salud. Siempre he tenido mucho cuidado de desinfectarme adecuadamente las manos y siempre he conservado la mascarilla. Sin embargo, el virus logró pasar», confesaba finalmente.

Sin duda, este testimonio marcará un antes y un después en la mentalidad de muchos jóvenes que aún hoy en día se creen invencibles a los efectos del Covid-19.