Iñaki Gabilondo en un acto de la Asociación de Prensa de Málaga

Iñaki Gabilondo habla al fin de su primera mujer, fallecida a los 30 años

El periodista se ha sincerado sobre este duro momento de su vida

Iñaki Gabilondo es sin ninguna duda una de las voces del periodismo más respetadas y más queridas. Lo que también es cierto es que el comunicador donostiarra no suele dar a conocer muchos detalles de su vida. Por eso sorprende que no haya dudado en sincerarse, en una entrevista en 'El País', sobre uno de los momentos más duros de su vida: la muerte de su primera esposa. 

Gabilondo reflexionaba, entre otros temas, sobre los efectos que está teniendo el coronavirus en la sociedad. El periodista afirmaba no tener miedo por lo que estaba pasando. «Yo nunca he tenido miedo», asegura de manera contundente, aunque reconoce que todo esta situación ha sido un «susto padre» que ha acabado generando una «una mirada renovada sobre un espíritu solidario»

Los que le conocen «dicen que soy la persona que menos ha temido hacerse viejo, ponerse enfermo y morirse. Acepto con naturalidad este juego de la vida», respondía ante la insistencia del entrevistador.

Lo que sí admitía Gabilondo es haber sentido dolor a lo largo de su vida: «Me lo conozco de puta madre». Y es que siendo muy joven sufrió un episodio que marcó su vida: la pérdida de su esposa cuando ella solo tenía 30 años. 

Fue un duro golpe para él y para su familia: «Me puse enfermo y casi acabo en el otro barrio, y mi hija también enfermó». Sin duda, fue una experiencia imborrable para el periodista: «el dolor es una putada. Pero nada duele tanto como ver sufrir a quien quieres». 

Confiesa que fue incluso peor que su lucha contra un cáncer de colon: «Prefiero 40 veces el calvario que yo aguanté con mi enfermedad que el tiempo que pasé viendo morir a mi mujer». Aunque explica que los médicos le dicen que «tengo muy alto mi umbral del dolor»

Pese a ello, Gabilondo reconoce que ahora mismo lo que le apasiona es «el hecho de vivir. La sorpresa de estar vivo». Muestra una pasión por seguir adelantes, aún habiendo sufrido lo que ha sufrido en el pasado, y admite que «me levanto con esa alegría, diría que incluso eufórico. Salgo con la mochila llena y luego la va restando el día». .