Carolina Darias en rueda de prensa el 28 de enero del 2021

'La decisión de Sanidad no tiene ninguna lógica': Las comunidades autónomas se rebelan

Científicos y expertos creen que el estudio no se ha realizado correctamente

El Ministerio de Sanidad acordó ayer poner una segunda dosis de la vacuna de Pfizer a todas aquellas personas menores de 60 años que recibieron en su día una primera dosis de AstraZeneca, antes que el problema de los trombos acabase por dejar de poner esos sueros por debajo de ese límite de edad.

Tras un estudio denominado 'Combivacs', y que ha sido ampliamente criticado por muchos sectores de la sociedad, también por científicos y técnicos del mundo de la medicina, Sanidad acabó así con una larga de espera de varias semanas, pero algunas comunidades autónomas ya han avisado que no están de acuerdo con esta decisión y que se plantean inocular la segunda dosis de AstraZeneca contra la postura del Ministerio.

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Algunos críticos van un poco más allá y acusan a Sanidad de aplicar una «mala ciencia» con un estudio que carece de garantías y que ni siquiera ha hecho la pregunta adecuada. 

El médico, científico y escritor Salvador Macip ha acudido a las redes sociales para mostrar su descontento con la decisión del ministerio, una decisión a la que tacha de no tener «ninguna lógica científica» porque el estudio no puede, por su diseño, «recibir las conclusiones que ellos dicen».

El científico se refiere al hecho de que Sanidad ha concluido que es seguro administrar una segunda dosis de Pfizer sin siquiera haber probado cómo de seguro era administrarles la segunda dosis de AstraZeneca. Es decir, el estudio concluye que es más eficaz que las personas reciban una segunda dosis de Pfizer después de recibir una de AstraZeneca, que quedarse solo con una de AstraZeneca, algo que todo el mundo podía intuir sin necesidad de realizar un estudio.

Pero los críticos acusan al Ministerio de realizar un estudio con poca base científica y en unas condiciones que no permiten ir más allá. Concretamente, Combivacs se hizo con una muestra de 600 voluntarios, de los que a 400 se les inoculó una segunda dosis de Pfizer tras recibir la primera de AstraZeneca, y a los 200 restantes no se les inoculó nada. Es decir, no hay forma de saber si la segunda dosis de AstraZeneca es más segura que una segunda dosis de Pfizer, sencillamente porque el estudio no lo hizo.

Otro gran problema del estudio es el tamaño de la muestra, 600 personas, que impide que se detecten efectos secundarios poco frecuentes. Esto es lo mismo que ocurrió con los trombos, que no se detectaron durante las pruebas y ensayos de AstraZeneca porque son efectos muy raros y las muestras, aunque de miles de personas, no eran lo suficientemente grandes para encontrar relaciones de causalidad.

Sanidad repite el mismo error con una muestra pequeña de personas, por lo que si hay efectos adversos raros y poco frecuentes, es muy probable que no se hayan detectado en esa muestra de 600 personas, pero que sí aparezcan cuando se les ponga la dosis al millón de españoles que están esperándola.

Algunas comunidades, en contra de la decisión

Para Salvador Macip, ahora mismo sigue siendo igual de seguro y eficaz poner una segunda dosis de AstraZeneca, porque lo demás no lo podemos saber con el estudio realizado por Sanidad. Y no es el único, ya que varias comunidades autónomas, escuchando la opinión de sus técnicos y expertos asesores en este tema, han expresado públicamente que mantienen AstraZeneca como prioridad para dar la segunda dosis a aquellas personas que ya recibieran la primera.

De momento, Madrid, Andalucía, Galicia y Castilla y León, todas ellas gobernadas por el Partido Popular, están en contra de la decisión de Sanidad. Madrid es la que ha ido un paso más allá y ha anunciado que consultará directamente a la Agencia Europea del Medicamento (EMA) sobre las implicaciones legales de esta decisión. 

El consejero de Sanidad madrileño, Enrique Ruiz Escudero, considera «incomprensible» la decisión porque va «en contra de todas las sociedades científicas y en contra del criterio de la Agencia Europea del Medicamento». Escudero considera que es un «disparate» tomar esta decisión a raíz de los resultados de «un estudio que no certifica la seguridad ni la eficacia, por cómo se ha planteado el propio estudio y porque ni por tiempo ni por número de pacientes se pueden sacar conclusiones».