Fernando Simón, en una compareixença a la Moncloa

Un compañero de Fernando Simón cuenta su secreto más humano

Marco Pascual, compañero de Simón en su viaje por África en los 90, desvela algunas de sus vivencias

El aventurero Marco Pascual, que coincidió en los 90 en África con el epidemiólogo Fernando Simón, habló de las vivencias con el doctor mientras realizaba un proyecto para controlar el SIDA en esta zona: «Tiene bastante psicología, empatía y sabe tratar con la gente, aunque también es duro y serio», ha dicho sobre el doctor. 

Pascual relató que en 1991 Simón realizó 300 análisis de pacientes sospechosos de VIH en un laboratorio creado en condiciones precarias: «Era de risa, como un cuarto trastero. No era un sitio aséptico e impoluto. Un cuarto viejo de paredes de ladrillo, sin cemento y solo con algunas estanterías y unos botes. No era nada parecido a lo que uno se puede imaginar. Pero lo hacía funcionar», ha explicado al diario ‘El País’. 

De esos análisis que realizó, un 18% de las personas dieron positivo. «Aunque les garantizaba que solo iban a saber el resultado el paciente y él mismo (Simón), como ahí la gente era muy promiscua los que más posibilidades tenían no iban por miedo a un positivo y a ser rechazados por sus familias», ha relatado Marco. 

«No estaba especializado en anda pero sabía hacer de todo»

El aventurero no ha olvidado destacar las habilidades del epidemiólogo: «Él iba a llegar hasta donde él pudiera porque hacer una base de datos con los pacientes del SIDA fue un proyecto suyo. No estaba especializado en nada pero sabía hacer de todo». 

Pascual ha recordado una anécdota de la madre de un niño al que rechazaba, a través de la que según Pascual se deja ver su admirable carácter y su buen hacer con la psicología: «Tardó unos 10 minutos en convencerla. Me comentó que no lo quería porque en cuanto su marido viera al niño iba a pensar que no era suyo y le iba a dar una paliza».  

Pascual cuenta todos los secretos de la experiencia africana de Simón

«Entonces, le explicó que debido al esfuerzo y por el sufrimiento del niño al nacer, a veces su piel se tornaba clara, pero que en pocos días habría recobrado su color natural. La mujer creyó al médico y tomó a su hijo. Fernando había conseguido solucionar el problema», continuaba Marco. 

Además, el aventurero recordó la anécdota de un niño que le quiso vender un huevo para conseguirle dinero a su madre para una cerveza: «Le dijo que se lo llevara a su madre y que le hiciera una tortilla. El motivo era que lo había mandado su padre para vendérselo y luego gastárselo él en cerveza.  Lo sabía porque conocía a las personas».  

Pascual cuenta también el incidente que tuvo Simón con una persona enferma, que no quería que subiera al coche de otra persona dañada físicamente: «Me contó que le estaba diciendo que cómo iba a coger a un pobre hombre como ese y llevarlo en el vehículo del médico. Entonces él se cabreó y le dijo que más valía que se callara si no quería volver andando hasta el pueblo».