Cartel informativo de la desaparición de Rosalía Cáceres Gómez

Misteriosa desaparición de Rosalía: Salió a pasear y 2 h después se había desvanecido

La mujer lleva cinco meses desaparecida sin haber dejado un solo rastro que ayude a encontrarla

En España se siguen dando frecuentemente desapariciones que, lejos de tener un final feliz —o, simplemente, un final— mantienen en vilo a toda una familia durante semanas e incluso meses. Uno de estos últimos casos es el de Rosalía Cáceres Gómez, una mujer extremeña de 74 años de la que hace ya cinco meses que no se tienen noticias. 

Su desaparición está siendo muy difícil para su familia porque se han realizado batidas de búsqueda de forma periódica por la zona donde se sabe que estuvo por última vez, pero los investigadores no han encontrado ningún rastro de ella, ni siquiera alguna pertenencia que pudiera perder en algún momento de su paseo. 

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Fue durante un paseo cuando se le perdió la pista, hace ya más de 150 días. Rosalía, como todos los españoles, llevaba dos meses de confinamiento cuando, poco a poco, las libertades de los españoles se fueron recuperando paulatinamente, empezando por la posibilidad de salir a dar paseos. 

La mujer, que vive en la localidad cacereña de Bohonal de Ibor, aprovechó que ya se podía salir de casa para ir a dar un paseo, tal como informa 'El cierre digital'. Fue el 25 de mayo cuando Rosalía salió a dar un paseo y no se volvió a saber de ella. 

Según ha explicado su hijo, Enrique, Rosalía solía salir de su casa alrededor de las ocho de la mañana, y tras dos horas de paseo entre su localidad y Mesas de Ibor, sobre las diez volvía a casa. Ese día, en el que cambió su horario, en cambio, no lo hizo. Enrique habló con ella por la mañana, cuando Rosalía estaba en mitad de su paseo.

Ella le explicó que se estaba mojando los pies «en el lugar de siempre», una zona que está cerca del pantano de Valdecañas y que tiene una pequeña orilla parecida a una playa. De hecho, ese 'baño de pies' era algo rutinario en sus paseos antes de volver a casa. 

Su hijo le pidió a su madre que se esperase allí y que su prima iría a recogerla, pero Rosalía le dijo que no hacía falta y que ella misma volvía sola a casa. Tras colgarle el teléfono, Enrique volvió a contactar con ella, quien le explicó que había cortado la llamada porque estaba en una zona con pendiente y no podía respirar y hablar al mismo tiempo. Esa fue la última vez que Enrique pudo hablar con su madre, alrededor de las 13.55 horas. 

Una desaparición «misteriosa»

Desde entonces, su hijo no pudo localizarla más, ya que su teléfono estaba apagado o fuera de cobertura, así que dio la voz de alarma entre los vecinos, que se organizaron para ir a buscarla al monte, pero no tuvieron suerte. Salvador, yerno de Rosalía, asegura que esta desaparición no es una desaparición normal: «No es en absoluto habitual tener a una persona localizada a las dos de la tarde y que dos horas después no haya manera de encontrarla». 

Desde entonces, varias batidas de la Guardia Civil, de voluntarios de Protección Civil, DYA (Detente Y Ayuda) y Cruz Roja han peinado la zona en la que se la tiene localizada por última vez, cerca de las antenas del Cancho El Librillo, las últimas que captaron su señal de móvil. Pero cinco meses después, no han conseguido dar ni con Rosalía ni con nada que pueda indicarles otra dirección en la que buscar. 

Según el portavoz de la familia, Salvador Serrano, no han aparecido ni sus gafas, ni la ropa ni la botella de agua que llevaba. Además, explica que las propias autoridades creen que es una desaparición «misteriosa» por el hecho de no haber encontrado absolutamente nada ni en el pantano ni en los alrededores. 

Las primeras hipótesis apuntan a que la mujer pudo haberse desorientado, y durante ese lapso de tiempo haberle pasado algo. Aun así, de momento, no se sabe nada de ella. Ya han pasado cinco meses, 150 días sin noticias de Rosalía, y aunque aún se realizan batidas con voluntarios y personal de emergencias y de seguridad, las esperanzas de encontrarla con vida son cada vez más escasas. 

Rosalía vivía en Madrid, donde también reside su hijo, pero se trasladó a Extremadura antes del primer estado de alarma, el del 14 de marzo. En Bohonal de Ibor era una vecina conocida, con todas sus facultades físicas y mentales en buen estado, y sin conflictos con nadie. Por esa razón, su desaparición se hace todavía más inusual, ya que se ha descartado completamente que fuese voluntaria.