Un sanitario con una jeringuilla en la mano

Un voluntario español, sobre una de las vacunas más avanzadas: ' Fue como una gripe'

Ya ha recibido las dos dosis, aunque no sabe si fueron un placebo

Fue una de las noticias más esperadas de las últimas semanas. Primero fue Pfizer y luego se la añadió Moderna para confirmar que sus vacunas contra el coronavirus está ya casi listas para empezar a ser distribuidas y que tenían las dos una efectividad de un 90%. 

Esto ha hecho reflotar las esperanzas de buena parte de la sociedad mundial para volver a recuperar la normalidad en un tiempo relativamente breve. Pero para conseguir que estas vacunas funcionen así necesario meses de pruebas a miles de voluntarios que van relatando su experiencia al vacunarse. Y uno ellos es Miquel Fernández, de 39 años, el primer español que ha participado en los ensayos de la vacuna de Pfizer. 

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Afincado en Norman (Oklahoma) ha relatado como cuál ha sido su experiencia tras recibir las primeras dosis de la vacuna o no sabe si de un placebo, pues el voluntario no sabe que recibirá. «Al día siguiente de la primera dosis empecé a sentir malestar general, dolor de cabeza, fiebre... al principio muy leve y luego se disparó», relataba. Añade que con el paso de las horas empezó a tener fiebre más alta «parecía que en ese momento había cogido una gripe». Pero duró relativamente poco: «Me duró unas cinco horas, al cabo de ese tiempo se fue como había venido». 

Los efectos secundarios empeoraron con la segunda dosis

Su participación en el ensayo se produjo después que viera un anuncio en Norman de parte de uno de los laboratorios que lo iban a llevar a cabo. Solo tuvo que rellenar un formulario web, contestar a una llamada para dar información de su perfil e historial clínico y empezó a aportar su granito de arena en la lucha contra el Covid

Tras recibir una primera dosis el 1 de setiembre, tres semanas después le suministraron la segunda. El mismo admite que le advirtieron que está segunda podría tener unos efectos secundarios mayores. «Esa misma tarde me empecé a encontrar fatal, mucho peor que la primera vez», relata. Confirma que también tuvo una gran inflamación en el brazo donde le pusieron la vacuna y que casi no lo podía mover. Aun así, «al día siguiente me levanté sin fiebre, cansado, pero mucho mejor». 

Ahora mismo, el único control médico al que ha sido sometido es a un análisis de sangre para comprobar si ha generado anticuerpos. Está esperando a recibir una visita el próximo mes de marzo. Mientras tanto, si tiene a su disposición un formulario a través de una aplicación móvil donde tiene que reportar semanalmente si ha tenido nuevos síntomas. De ser así, recibe una llamada. 

No tuvo problemas en ofrecerse voluntario

Miquel es uno de los 43.000 voluntarios de diferentes edades, sexos, etnias y con factores de riesgo o no que han participado en el estudio. Como los demás no sabe si le han aplicado una dosis de la vacuna o un placebo. «No te indican si tienes la vacuna o no. Te dicen que por cada persona que tiene la vacuna otra recibe el placebo. Ya nos indicaron que el placebo era un salino, no hay principio activo», explicaba. 

Además cuenta como no tuvo miedo para «dar el paso» y ofrecerse como voluntario. Había consultado los posibles riesgos «con un amigo inmunólogo» de este tipo de vacuna ARN, que utilizan un sistema novedoso. Cree que «es poner en una balanza el riesgo económico, la crisis sanitaria y vivir en esta situación tan anormal, y poder, quizás, recuperar una cierta normalidad». No piensa que hubiera ningún peligro diferente que tomar cualquier medicamento. 

Eso sí tiene claro que haber podido ser vacunado no le va a hacer cambiar sus rutinas de protección contra el coronavirus. «Sigo llevando la mascarilla, trabajo desde casa y mantengo la distancia social»