Efectivos sanitarios con equipos de protección individual atendiendo un paciente durante la emergencia del Coronavirus

Trágico final para Erika, la enferma de coronavirus de 37 años que llevaba un mes luchando

A causa del Estado de Alarma y sus medidas de seguridad, el culto de despedida se ha celebrado por videoconferencia

Erika Mejía, la trabajadora de origen hondureño de 37 años, que padecía coronavirus  ha fallecido  pese a todos los esfuerzos de los sanitarios. La mujer ha sido incinerada este pasado lunes en el crematorio de Guadalajara.

Según ha publicado el medio ‘El País’, Erika falleció tras haber estado un mes y medioingresada  en la UCI del Hospital Puerta de Hierro (Madrid) a causa del coronavirus.

Fue trasladada a Madrid con un operativo inédito

Desde el 17 de abril su estado empeoró  a causa del virus. En el hospital de Guadalajara en el que estaba ingresada no disponían de las capacidades suficientes y se pidió su traslado  a Madrid. En aquellos momentos, la sanidad madrileña se encontraba al borde del colapso por la gran cantidad de gente que requería de cuidados intensivos en la comunidad central. Pese a ello, hubo una posibilidad de que Erika fuese tratada en el Hospital Puerta de Hierro y fue trasladada a dicho centro médico mediante un helicóptero sanitario y otros operativos que viajaban por tierra.

Durante los siguientes 30 días estuvo en tratamiento severo a la espera de que sus estado mejorase. En un principio, por su edad, los sanitarios tenían esperanzas de que pudiese salir de su estado de gravedad, pero el pasado sábado advirtieron a sus familiares de que su estado era crítico y de que podía ante sus últimas horas. Desgraciadamente así fue, y Erika fallecía el pasado domingo al mediodía.

Este lunes se ha celebrado la incineración de Erika, en el tanatorio de Guadalajara. A causa del Estado de Alarma y sus medidas de seguridad, el culto se ha celebrado por videoconferencia. Así, el último adiós se lo daba el pastor Edward Zacarías, ante los pocos familiares que estaban presentes, entre ellos su hermana: «Yo le doy gracias al Señor porque yo estuve en un estado muy grave. A mí me despidieron. Pero uno no se muere cuando el diablo quiere. Uno se muere cuando Cristo decide que llegó la hora».

La hermana de Erika, Alma, recibió la noticia de su estado prácticamente sin posibilidades de salvarse el sábado. No lo compartió con nadie, lo llevó en soledad. Al día siguiente, al mediodía, recibía de nuevo la llamada del hospital, aunque ya se imaginaba qué noticias le iban a transmitir.

Según reconocían fuentes sanitarias, el caso de Erika es extraño, aunque creen que el estado de obesidad que padecía la fallecida ha podido influir en el fallecimiento de la mujer por coronavirus. Desde el equipo de profesionales de la UCI del Hospital Puerta de Hierro han querido mandar un mensaje a los familiares de Erika: «No murió sola. Estuvimos con ella hasta el final».