Primer plano de Jaime Cabrera

Jaime, el español que ha aparecido muerto en su casa: un vecino muy querido

Jaime nació en La Coruña pero encontró su lugar en Moya (Gran Canaria), donde lo hallaron muerto

La consternación se ha apoderado de Moya (Gran Canaria) al conocerse la identidad del hombre hallado muerto en su casa el miércoles. Se trata de Jaime Alberto Cabrera, de 48 años y origen gallego pero afincado en la isla desde hacía años. Era secretario del Juzgado de Paz, y un vecino muy querido.

“Una buena persona”, así es como recuerdan a este hombre de apenas 50 años al que encontraron muerto en su casa. En este pueblo de 7.700 habitantes se convirtió en uno más por su bondad y su compromiso. Participaba en todas las actividades, y siempre que podía echaba una mano a los demás.

Jaime Alberto Cabrera fue encontrado muerto el miércoles en el interior de su domicilio, en la calle Cervantes. El lunes sus compañeros se extrañaron porque no había ido a trabajar. Horas después se montó un dispositivo y los bomberos consiguieron entrar en su casa, donde yacía muerto unos tres días.

Gallego afincado en Moya

Jaime era natural de La Coruña pero desarrolló buena parte de su carrera profesional en Gran Canaria. Primero estuvo en Guía, luego en Las Palmas, y finalmente recaló en Moya. Tras un tiempo volvió a Galicia para hacerse cargo del juzgado de Violencia de Género, una etapa que sin duda le dejó marcado.

Foto del pueblo de Moya, en Gran Canaria
Moya, la segunda casa de Jaime Cabrera | Cedida

Jaime era una persona sensible y los duros casos a los que se enfrentó aquellos meses le afectaron mucho. Decidió volver a Moya, donde ha vivido los últimos seis años de su vida. Allí se encontraba como en casa, como uno más, y tenía planeado quedarse para siempre en el lugar donde era feliz.

Todos sus planes se fueron al traste cuando su madre enfermó y empezó a preparar su viaje a Galicia. Poco antes de morir contó a su entorno que volvía a Galicia para cuidar de su madre. Nunca llegó a emprender el viaje, porque la muerte le sorprendió en el lugar del cual nunca se quiso marchar.

El último viaje de Jaime

Ahora sus familiares han puesto rumbo a la isla para recoger sus cenizas y llevarlas hasta Galicia. Será el último viaje de Jaime a su tierra natal, aunque una parte de él quedará para siempre en Moya. Allí deja muchos buenos recuerdos y un gran vacío, el silencio que estos días inunda las calles del pueblo.

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Uno de los más afectados por su pérdida es Poli Suárez, exalcalde y secretario general del PP de Canarias. Él fue uno de los últimos que vieron a Jaime con vida, el pasado fin de semana. Ambos se encontraron en una boda, en la que Cabrera se encargó de recordarle a Suárez lo mucho que le quería. 

“Era un buenazo, una persona noble que se integró muy bien en el pueblo”, destaca Suárez en La Provincia. Cuenta que el gallego se enamoró de Moya y se ganó el cariño de todo el pueblo por su compromiso y su generosidad. Él es sólo uno de los buenos amigos a los que deja huérfanos en Moya.

No fue a trabajar

Todos conocían a Jaime y sabían que una de sus grandes aficiones eran los dulces. Por eso la madre del antiguo alcalde le sorprendió una vez con un queque, para agradecerle lo bien que se portaba con los vecinos. La generosidad del gallego no tenía límites, y lo llevó al juzgado para compartirlo con sus compañeros.

Su compañera Dolores González, jueza de Paz en Moya, fue de las primeras en alertar de la ausencia de Jaime. El viernes se despidieron y se desearon un buen fin de semana como hacían siempre. El domingo se cruzaron algunos mensajes en WhatsApp, y fue la última vez que supo de él. 

Montaje con fotos de Poli Suárez y Jaime Cabrera
Poli Suárez y Jaime Cabrera se hicieron muy amigos | España Diario

Al ver que ni el lunes ni el martes había ido a trabajar, puso la denuncia por desaparición. Horas después le comunicaron la trágica noticia del hallazgo. La autopsia determinó que Jaime Cabrera, de 48 años, había muerto tres días antes por causas naturales.

Ahora la jueza Dolores González solo puede pensar en el amigo que ha perdido, y en su infinita bondad. “Era tan buena persona que no hay calificativo para definirlo”, asegura. Era tan sentimental que “cuando llegaba una defunción, si veía que era alguien joven lloraba y decía díos mío, cómo es posible”.