Alba, la niña de 14 fallecida a manos de su novio: 'Mi hija sabía que acabaría pasando'

El asesino la esperó en la puerta de su casa y la mató con 34 puñaladas

Imagen de una chica con un pichi negro en un parque de atracciones
Alba, la niña de 14 fallecida a manos de su novio: 'Mi hija sabía que acabaría pasando' | Unsplash

El mes de octubre es un mes muy duro para la familia de Alba Martí, porque se celebra el aniversario de su muerte. Hoy se cumplen 8 años desde que la joven fue brutalmente asesinada y se convirtió en una de las víctimas más jóvenes registradas en España de violencia de género. 

Residía en Tárrega, Lérida, y solo tenía 14 años cuando la mataron. La joven no podía hacer nada sin que su asesino le diera permiso. Empezó como una relación amorosa entre dos jóvenes, pero todo se fue torciendo y a pesar de que ella intentó ponerle fin al romance en reiteradas ocasiones, él no estaba dispuesto a ello. Ni siquiera le dejaba ver a sus amigos. 

Fue el lunes 7 de octubre de 2012 cuando José Michel de los Ángeles, de 18 años, la esperó en el rellano de su escalera, donde la acuchilló un par de veces y logró meterla en su casa. Allí terminó con su vida tras 34 puñaladas. 

«Su violencia era oculta, escondida, psicológica. Si veíamos algo de celos, pero no lo supimos identificar, pensamos que eran cosas del primer amor», ha explicado Maite Egea, la madre de Alba Martí, en una entrevista con 'El Mundo'. 

«Cada 7 de octubre es un infierno, porque representa que Alba ya no está. Pienso que ella me ve, pero que Dios ha sido injusto. Ojalá no le pase a nadie más».

«Ojalá las chicas y las familias se den cuenta de que cuando un chico les impide hablar con sus amigos o tiene celos o no les deja ir con falda, no las está queriendo, las está controlando. Eso no es amor, es posesión y control. Y eso es lo que mató a mi hija».

Maite también ha desvelado que Alba estuvo siete meses cortando y volviendo con José Michel de los Ángeles, pero que su hija no era la misma cuando estaba con él. 

«Los amigos de Alba veían que él la controlaba. Y que ella se empezó a sentir encerrada, sin libertad. Ella cortó y volvió con él varias veces y yo veía que cuando no estaba con él volvía a ser la niña alegre y bromista de siempre». 

Fue tras la separación de sus padres, cuando finalmente la joven decidió romper de forma definitiva con el que por aquel entonces era su pareja. Sin embargo, lo que parecía el final de una relación entre adolescentes, se convirtió en la peor pesadilla para la más pequeña. 

«A partir de agosto, sí vi las cosas peor. Alba me contó que iba a dejar al chico definitivamente y yo la apoyé. Pero él no lo aceptó. La semana antes del asesinato venía constantemente a mi casa o a la del padre de Alba para ver si ella estaba. No la dejaba en paz». 

«Fue una semana de acoso y derribo, el final de una relación de control y sumisión. Pero ella no era consciente porque tenía 14 años, nadie le había explicado nada sobre violencia de género y pensaba que ser celoso es normal. Nunca pensó que el control no es amor».

El asesinato

Marta Duró fue la encargada de llevar la acusación en el juicio de la Audiencia Provincial de Lérida contra José Michel. «El 30 de septiembre, Alba bajó las persianas de casa de su padre porque estaba cansada de que él la controlara también allí».

«El 1 de octubre, él utilizó el perfil de Facebook un amigo para hablar con ella. El 2 usó el teléfono móvil de una amiga en común para llamarla. El 4 y el 5 fue a verla porque ellos compartían el grupo de amigos y se produjo una situación tensa. Y el 6 fue a buscarla seis veces hasta que contactó con ella por Facebook. Ese fue el detonante».

Una conversación ese domingo 6 de octubre de 2012 que determinaría los actos del chico al día siguiente, a pesar de que Alba le había dejado claro que no quería tener nada que ver con él: «Yo no quiero seguir así y tú lo tienes que respetar se acabó», le escribió. 

Pero no fueron los únicos mensajes que intercambiaron, hubo más en los que se demostró que la joven de 14 años estaba siendo víctima de violencia de género. «Tú haces lo que quieres y yo no puedo ir al baño sin que lo sepas» o «No quiero hablar contigo, vas a ponerte a dar golpes en la pared como el otro día». 

Alba Martí llegó a su edificio acompañada de un compañero de colegio el 7 de octubre de 2012, juntos se sentaron en las escaleras y se comieron los donuts que habían comprado previamente.

Cuando terminaron se despidieron y la niña entró en el ascensor hasta el quinto piso. Fue allí donde se encontró con José Michel con un cuchillo de pesca submarina. 

Tal y como se explica en la sentencia, Alba huyó escaleras arriba hasta la séptima planta, donde se topó con una puerta cerrada que la dejó sin escapatoria. Allí recibió dos puñaladas, el chico cargó con ella dos pisos y entró en casa de la joven, donde la llevó a una habitación y la mató con otras 32 puñaladas. 

El asesino se lavó las manos en casa de la niña y regresó a su casa, guardó su ropa llena de sangre y el cuchillo con el que había matado a Alba en una mochila y se fue a jugar un partido de fútbol. Fue en el terreno de juego donde le detuvieron los Mossos d'Esquadra. 

La madre del asesino avisó a la madre de Alba

Fue la madre de José Michel quien informó a la madre de la joven de que algo había pasado. «Yo llegué de trabajar, me puse a recoger la mesa de la comida y me cambié de ropa. A los pocos minutos me llamó la madre del chico diciendo que él le había hecho daño a la niña y en ese momento sonó el timbre».

«Abrí y eran los Mossos. No me lo dijeron, pero resulta que Alba estaba muerta en una habitación y yo había pasado por delante de la puerta 10 veces sin saberlo. Si la hubiera encontrado yo, nos tendrían que haber sacado a las dos con los pies por delante».

A pesar de que el asesino fue condenado a 25 años de prisión, la familia de Alba sigue viviendo un calvario desde que su hija fue asesinada. «Es un infierno», dice su madre. «Vivo porque tengo que vivir. Estoy con psicólogos y pastillas y sé que nunca volveré a ser la misma. Me falta un pedazo».


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