Plano de detalle de unas manos usando la aplicación Radar Covid

Radar Covid o rastreadores: ¿Qué funciona mejor contra la pandemia?

El Radar Covid ofrece las ventajas de la última tecnología, mientras que los rastreadores dan más confianza y aportan valor humano

La constatación de que la mejor estrategia para hacer frente al Covid-19 es avanzarse al virus ha llevado a desarrollar todo tipo de herramientas que ayudan a armar los sistemas de control y vigilancia para la detección, el aislamiento y el rastreo. Dos de ellas se disputan el torno de oro como la mejor arma contra el Coronavirus: el Radar Covid y los rastreadores.

El Radar Covid, la aplicación española para detectar posibles contagios, cuenta con la última tecnología, la capacidad para llegar a millones de españoles en un instante y la potencia de procesamiento de datos de los grandes laboratorios.

Por su lado está los rastreadores, un ejército de seres humanos profesionales entrenados para recoger información sobre los movimientos realizados en los últimos días por una persona que ha dado positivo por Covid-19.

La eficacia de los rastreadores está fuera de toda duda. Son capaces de establecer con quién tuvo contacto una persona, qué sitios visitó y reconstruir sus últimas con mucha precisión. Pero además se añade como ventaja el factor humano: no generan la desconfianza de las aplicaciones que para muchos violan la privacidad de la persona. 

Muchos contagiados se inclinan por confiar en un ser humano, que además puede responder preguntas y profundizar en detalles de la conversación para enriquecer la información que proporciona el usuario. Además ahorra todo tipo de adaptaciones al móvil, apoyo para personas ciegas o barreras de comprensión para personas de la tercera edad.

También tienen sus inconvenientes. El principal es que necesitan ser miles para que su trabajo sea efectivo, ya que algunos contagiados tienen una larga lista de contactos que ralentiza mucho los tiempos de control de la epidemia.

En cuanto a las aplicaciones como el Radar Covid, se han convertido en la gran esperanza de los Gobiernos para hacer frente a la pandemia. Ayer mismo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, mencionó esta herramienta como la clave para el control de la pandemia en España: si sólo unos cuantos usuarios se lo descargan, se podrían cortar los contagios, aseguró.

Pero las aplicaciones causan mucha desconfianza en los ciudadanos, sobre todo por el tema de la privacidad. El problema es que si esa desconfianza se extiende y hay pocas descargas, el método pierde toda su eficacia. Diversos estudios apuntan a que para que la aplicación sea útil debe ser utilizada por un 60% de la población, aunque el Gobierno se conforma con un 25%.

Sistemas complementarios

Es evidente que ambos métodos tienen sus inconvenientes, pero se complementan. Es decir, que en un escenario ideal se debería recurrir a las dos y coordinarlas para una acción mucho más efectiva y veloz en la lucha contra el coronavirus

Primero, habría que capacitar a los rastreadores e invertir en ese puesto de trabajo, y en segundo lugar, dar tranquilidad a los usuarios con un mensaje claro de los responsables de la aplicación sobre la privacidad de los datos de los que se descargan la app. Pero una acción de los rastreadores sin el apoyo de la tecnología limita mucho sus capacidades. Y viceversa.