Sonia, la española de 48 que ha fallecido de cáncer sin que el médico le diera ni una cita

A pesar de que la mujer llevaba intentando pedir cita desde abril, no fue diagnosticada hasta julio

Primer plano de la oreja de una mujer acostada
Sonia, la española de 48 ha fallecido de cáncer sin que el médico le diera ni una cita | UNSPLASH

El pasado 13 de agosto falleció Sonia Sainz-Maza Zorrilla, de 48 años, tras padecer cáncer de colon. Su familia ha querido denunciar que la mujer es otra de las muchas víctimas invisibles de la epidemia de coronavirus

«Mi hermana se moría al otro lado del teléfono y Sanidad nunca le tendió la ayuda que necesitaba», ha acusado su hermana pequeña, Lydia, en una columna que escribió para 'El correo de Burgos'. 

El médico de cabecera del Centro de Salud de Espinosa de los Monteros no le dio a Sonia una cita presencial y cuando por fin consiguió saber el diagnóstico, tres meses más tarde, ya era tarde. «Hemos perdido nuestros derechos sanitarios». 

Ha sido Luis Tudanca, líder del PSOE de Castilla y León, quien ha querido compartir la historia de esta mujer a través de sus redes sociales. «Leerlo ya conmueve y remueve», escribía junto a la columna que escribió la hermana de la fallecida. «Escuchar a la propia Lydia contarlo en Onda Cero —donde también relató lo sucedido—, es estremecedor». 

El duro calvario de Sonia

Según ha explicado Lydia, el 17 de abril Sonia llamó a su médico el Centro de Salud de Espinosa de los Monteros porque sentía un fuerte dolor en toda la pierna izquierda, a la altura de la ingle, y había perdido cinco kilos en una semana. Es precisamente ahí donde empieza su calvario. 

Las llamadas al centro médico empezaron a ser constantes porque su dolor iba en aumento, ella seguía adelgazando, todo el día estaba cansada y la medicación que tomaba no le sentaba bien. Sin embargo, el doctor seguía rechazando una visita presencial. 

«Su médico pudo verla en unas cuantas ocasiones, por distintos motivos, pero no consideró oportuno explorarla. Nunca la tocó. Nunca la mandó tumbarse en la camilla. No debía arriesgarse a un posible contagio. Cayera quien cayera», crítica la hermana pequeña de Sonia. 

Asimismo, ha querido destacar la inmoralidad que supone realizar una consulta médica a través del teléfono. «Por teléfono es difícil percatarse que una persona se está consumiendo. Y por teléfono parece que tampoco es posible empatizar». 

Un par de meses más tarde, el 18 de junio, consiguió obtener una cita con el traumatólogo del Hospital Universitario de Burgos (HUBU). Sin embargo, el especialista la echó diciendo que ellos no atendían a «lumbociatalgias», el mismo diagnóstico que le había ofrecido su médico de cabecera, y la derivó a rehabilitación, dándole una cita para marzo del 2021. 

Tras salir de la consulta, ya desesperada porque los dolores no remitían, visitó las Urgencias del mismo hospital. Allí le dijeron que tenía una «tendinitis isquiotibial». Dos días después acudió a las Urgencias del Hospital de Cruces, en Bilbao, donde volvieron a diagnosticarle lumbalgia y pusieron en duda que hubiera perdido peso. «Le llegaron a reprochar que acudiera en mitad de la pandemia», ha manifestado su hermana sobre las dos inútiles visitas que hizo Sonia. 

Tras insistir sin parar a su médico de cabecera finalmente este le pidió una analítica para el 9 de julio. Cuatro días más tarde es ella la que volvió a llamar al doctor para pedir los resultados y él le dijo que debía ir al hospital porque probablemente necesitaría una transfusión tras ver una anemia muy grave. 

Ese mismo día acudió a su centro de salud y se quedó ingresada allí y es entonces cuando le dieron un informe con todos los síntomas reflejados, para en los días posteriores, confirmar las malas noticias. Los médicos le dijeron que padecía un cáncer de colon con metástasis y Sonia ya no volvió a salir del hospital. Falleció el 13 de agosto por diferentes complicaciones derivadas de su grave afección. 

Tras todo el sufrimiento y la falta de atención por parte de los doctores y los centros médicos, la familia de Sonia ha presentado quejas en atención al paciente y se ha puesto en contacto con un abogado para conocer las posibilidades de denunciar lo que consideran una deficiente Atención Primaria que se agravó tras su paso por el especialista del Hospital Universitario de Burgos. 

La enfermedad de Sonia era muy grave y quizás podría no haber sobrevivido más allá de agosto, pero a lo mejor sí que podría estar viva si el diagnóstico hubiera llegado con tiempo y se hubiera aplicado el tratamiento adecuado. «Se dejó perder un tiempo precioso, crucial, que quizás, nunca lo sabremos, hubiera alargado su vida».

«Mi hermana no aparecerá en ninguna estadística, pero sin duda ha sido una víctima de la COVID. Y también lo ha sido, cuánto me duele, de quien nunca debió llevar una bata blanca». 


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