Mujer en invierno usando una mascarilla en la calle en la ciudad

Los síntomas del coronavirus han cambiado con la nueva variante: cuáles son ahora

Baja el porcentaje de enfermos con pérdida de olfato y gusto y los nuevos síntomas se parecen más a un resfriado

El 20 de septiembre de 2020 apareció en el condado de Kent, al sureste de Inglaterra, una nueva cepa de coronavirus que semanas después se demostró más contagiosa. Desde que se dio la voz de alarma, la nueva variante se ha extendido por decenas de países, entre ellos España, y está detrás del virulento repunte de contagios de la tercera ola.

Siguen habiendo muchas incógnitas en torno a la nueva variante, que los científicos y las autoridades sanitarias están investigando. Lo que es seguro es que el coronavirus ha cambiado su comportamiento, y esto implica también la aparición de síntomas diferentes.

El Instituto Nacional de Estadística de Reino Unido ha desvelado que los pacientes contagiados con la variante británica del coronavirus suelen padecer síntomas parecidos a los del resfriado, como dolor de garganta, cansancio y dolor muscular. Estos se diferencian de los tres síntomas de la cepa anterior, que son tos, fiebre y pérdida del olfato y el gusto.

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Según el informe de la oficina de estadística, «la gente con un testo positivo compatible con la nueva variante de Reino Unido suele manifestar síntomas diferentes a los que se conocían hasta ahora, sobre todo por lo que se refiere a la pérdida de gusto y olfato». A continuación, aclara que «no hay cambios en el porcentaje de síntomas gastrointestinales».

Hay que recordar que en la variante anterior había una gran cantidad de asintomáticos y casos de síntomas leves donde predominaba la anosmia y la disgeusia, la pérdida del olfato y del gusto. Las evidencias demuestran ahora que el porcentaje de personas que sufren este síntoma ha disminuido y que los nuevos se parecen más a un resfriado.

El análisis de los casos revela también que el mayor cambio en la sintomatología es que mucha menos gente reporta fiebre alta. En cambio, no hay diferencias significativas en la dificultad para respirar o los dolores de cabezas, que parece que se mantienen en ambas variantes. Los resultados pueden ayudar al diagnóstico de la nueva mutación.

Uno de los problemas con el que se están encontrando las autoridades sanitarias es que para diagnosticar la nueva cepa hace falta una tecnología específica de secuenciación. Esto está retrasando la detección de la nueva mutación en muchos casos, favoreciendo que se extienda con más rapidez, algo que puede cambiar si se conocen mejor los nuevos síntomas.

La nueva variante podría ser más letal

Falta por saber si, además de ser una variante más contagiosa, también es más letal. El primer ministro británico, Boris Johnson, hizo saltar todas las alarmas al advertir que la nueva cepa de Kent estaba asociada a una mayor mortalidad. Los científicos y los médicos matizan que, por ahora, no hay evidencias de que la nueva variante sea más letal, lo cual no significa que sea menos peligrosa ya que, cuanto más contagiosa, más ingresados y más fallecidos produce.

Los contagios en el Reino Unido aumentaron más del 50% entre el 29 de noviembre y el 13 de diciembre. Según varias investigaciones, la nueva variante es entre un 29% y un 91% más letal, aunque hay varias opiniones sobre eso. Según la London School of Hygiene and Tropical Medicine, podría ser 1,35 veces más mortal que la anterior. 

Crecen los contagios en una franja de edad

Pero además de los síntomas también podría estar cambiando el perfil de los contagiados, porque según las estadísticas cada vez hay más contagiados de menos de 35 años. Ante la gravedad de la situación, el primer ministro británico ha apelado a una lucha más decidida contra el coronavirus después de haber superado la trágica barrera de los 100.000 muertos.

Una situación muy parecida a la de España que también pelea por doblegar la curva de los contagios. La ministra de Sanidad, Carolina Darias, se estrena hoy en el puesto con la presión de las autonomías para que modifique el estado de alarma y permita un confinamiento corto que permita rebajar la presión asistencial en los hospitales.

En España, el primer caso de la variante británica se detectó el 26 de diciembre, aunque los análisis de las aguas fecales señalan que ya estaba circulando en varios lugares al menos desde noviembre. Se desconoce su extensión real, pero los expertos vaticinan que a principios de marzo podría ser ya dominante, y entonces la situación se puede complicar.