'Cuando nos toque cerrar ventanas, el problema va a ser grave'

El profesor Javier Pérez Soriano ha realizado un experimento donde muestra el riesgo de contagio por aerosoles en los colegios

Puertas de un colegio con padres y niños con mascarilla
El profesor Javier Pérez Soriano ha realizado un experimento donde muestra el riesgo de contagio por aerosoles en el colegio | Europa Press

Javier Pérez Soriano, docente de secundaria, químico y experto en riesgos laborales, ha realizado un experimento donde muestra el riesgo de contagio por aerosoles en una clase tipo de un colegio, que tiene una superficie de 60 metros cuadrados, 29 alumnos y un profesor en su interior. En dicha clase, existen siete ventanas correderas y un medidor de CO2 ubicado en la zona más alejada de las ventanas.

El profesor, en palabras a 'Nius Diario', justificó la presencia del medidor afirmando que «la causa fundamental de la existencia de CO2 en un aula es la exhalación de alumnos y profesores. Aunque a día de hoy es imposible determinar de una manera sencilla la concentración de aerosoles que pueden estar suspendidos en el aire de cada aula en un momento determinado, lo que sí es relativamente fácil de determinar es la calidad del aire interior de un aula».

El dióxido de carbono es el factor determinante de la calidad del aire: «La misión de la ventilación es el desplazamiento y la dilución del CO2 exhalado tras la respiración, así como de los aerosoles potencialmente infectivos que haya suspendidos en el aire», señaló.

El expermiento tuvo una duración de 2 días

A lo largo de dos días, se realizó «una medición continua de valores de CO2 durante toda la jornada escolar, como forma de determinar si la ventilación de un aula en las condiciones del estudio es o no suficiente para evitar el contagio a través de aerosoles».

Sobre las conclusiones que sacó Javier, hay que señalar que son bastante preocupantes: «Cuando tengamos que cerrar las ventanas por la climatología, ya sea de manera total o parcial, vamos a tener un problema y muy grande», dijo Pérez Soriano.

La normativa sobre calidad del aire para los centros educativos establece que los niveles máximos de CO2 permitidos en el interior del aula no deben sobrepasar los 500 ppm (con un límite de 800 ppm), mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) pone el límite para ambientes saludables en 1.000 ppm.

Para llevar a cabo estas pruebas, se instalaron en el aula dos equipos portátiles con filtros HEPA. Pese a ello, el experimento dio constancia de que «durante el 85% de la jornada escolar el alumnado y profesorado estuvo por encima de los valores máximos recomendados para un centro escolar, habiéndose llegado a alcanzar valores máximos cercanos a los 1.500 ppm y varios picos de 1.400 ppm siempre con ventanas cerradas completamente».

El experimento concluye que es necesario ventilar como mínimo 15 minutos entre clases

El profesor quería «comprobar si la medida de abrir las ventanas entre clase y clase durante cinco o diez minutos, como indican los protocolos, es suficiente o no en nuestros centros».

Y tras realizar su experimento, Javier comprobó que, al ventilar 5 minutos entre clase y clase los niveles de CO2 descendían algo, poco, pero al crecer la ventilación a 10 minutos, esos niveles se reducían hasta la mitad. Con todo, no bajaban tanto como para ser aceptables. Lo óptimo, por tanto, según este estudio, sería ventilar como mínimo 15 minutos entre clase y clase.


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