Un hombre sujeta la mano de una mujer en la cama del hospital

Las secuelas de la Covid-19 que cambian tu vida para siempre: 'Echo de menos caminar'

Las plantas de rehabilitación siguen atendiendo a los pacientes que se contagiaron en los primeros meses de la pandemia

Tras más de un año de pandemia del coronavirus, todos nos hemos acostumbrado a términos nuevos como una prueba PCR o inmunidad. A pesar de los rebrotes y las cifras de contagios y defunciones provocadas por la Covid-19, parece que la situación mejora según pasan los días, y sobre todo según avanza la campaña de vacunación. 

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La primera ola del coronavirus aún se deja notar en los hospitales

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Y aunque ya conocemos cuáles son los principales síntomas del Sars-CoV-2, y los diferentes escenarios que puede tomar una persona después de que se haya infectado, se habla bastante poco sobre lo que sucede después, una vez superada la enfermedad. En este sentido, lo cierto es que la primera ola aún se deja notar en los hospitales, según explican en '20 minutos'. 

Las plantas más afectadas son, por lo general, las de rehabilitación, donde los profesionales tratan las múltiples secuelas que deja el coronavirus en el cuerpo humano. Algunas personas se recuperan del todo de manera rápida, mientras que otras lo sufren más, y no se ven capaces ni de vestirse, caminar o comer por sí solas. 

En el Hospital de l'Esperança de Barcelona siguen atendiendo a unas 70 personas, que se contagiaron en la primera y la segunda ola de la pandemia, con especial atención en mejorar la calidad de vida de las mismas. El perfil más habitual es el de un hombre de entre 55 y 65 años, que no necesariamente ha estado ingresado durante la infección. «Son jóvenes que no han recuperado su actividad normal. Se ahogan subiendo escaleras», detalla la jefa de la sección de Rehabilitación, Anna Guillén. 

«Cuando llegó, no se aguantaba en pie»

Lo más común es que los pacientes presenten un cansancio excesivo, dificultad para tragar y respirar, fragilidad emocional o problemas de memoria y concentración. Además, las personas que sí han necesitado hospitalización también llegan con atrofias musculares y úlceras, «Hacía años que no veíamos unas úlceras tan importantes como las de este perfil de enfermo», asegura Guillén. 

Un ejemplo de covid persistente es el de Isidre, un hombre de 59 años que estuvo ingresado la UCI del Hospital del Mar de Barcelona en la primera ola durante 90 días, y ahora precisa rehabilitación. Presenta un déficit selectivo en un nervio de la pierna, y atrofia importante en los cuádriceps, que le provocan dificultad para caminar. «Cuando llegó, no se aguantaba en pie», asegura la doctora. 

Él, por su parte, explica que su vida ha cambiado mucho. «Mi día a día es muy monótono. Me vienen a buscar en ambulancia, me hacen rehabilitación, me curan la úlcera y me llevan a casa», detalla, asegurando que es lo más emocionante que hace, porque tampoco se ha reincorporado a su trabajo como ingeniero. 

Lo que más echa de menos es «caminar». «Cuando pueda, quiero volver a subir el Matagalls», asegura entre lágrimas, en referencia a una mítica montaña de casi 1.700 metros de altura, muy cercana a Barcelona. Lo cierto es que su emoción es otra secuela muy habitual en este tipo de pacientes.

Tristeza y dificultad para encontrar las palabras

«Están más tristes, lloran con mucha más facilidad que antes», reconoce la doctora Núria Leiva, que destaca lo difícil que resulta recuperarse. Otra secuela que confirma son los fallos de memoria y atención. «Hemos visto este tipo de fallos en más de la mitad de los pacientes», reconoce. Además, muchos otros tienen dificultad para encontrar las palabras que quieren pronunciar, y entienden las cosas «más lentamente», según la logopeda Sonia Nieto. 

En definitiva, la rehabilitación se podría definir como una segunda fase de la enfermedad de la Covid-19. Los expertos coinciden en que se trata de una experiencia menos conocida, y a la que no se le da toda la importancia que necesita. «Parece que nos hemos olvidado de esta segunda fase, quizá porque es menos espectacular», avisa Guillén. La realidad es que, sin rehabilitación, mucha gente no podría recuperar nunca su vida normal.