José, el español que ha perdido un pie y una mano por el Covid

El marinero está haciendo frente a su peor tormenta

Imagen de un brazo conectado a una vía.
El paciente ha vivido una pesadilla desde hace 7 meses | Unsplash

El marino José Miguel Ortiz de Erive ha sufrido mucho estos meses. Lo que no le ha robado la mar en 40 años, se lo ha quitado el Covid-19 en un abrir y cerrar de ojos.

Este vizcaíno de 73 años ha pagado caro contagiarse de Covid-19. El resultado, una mano amputada y medio pie cortado. José Miguel Ortiz toma 11 pastillas, tiene una marca de la traqueotomía y ha perdido 25 kilos en tiempo récord. Pero, sin duda alguna, las cicatrices que más duelen son las que no se ven.

Este marino ha estado ingresado a punto de morir en tres ocasiones desde que tuvo que afrontar su peor tormenta hace ya siete meses.

«José salió de ensayar con el coro en el Orfeón vasco y dijo que sentía frío. Al día siguiente estaba igual. Amaneció fatal, no podía ni respirar. Al verle en su centro de salud, decidieron llevarlo de urgencias al hospital Gómez Ulla. Ingresó con neumonía. La doctora me dijo algo tremendo: 'Usted váyase a casa. Pero haga una cosa antes: tire el chaquetón de su marido en el primer contenedor de basura que vea'. Imagina la sensación que se te queda al escuchar eso», explica su pareja, Maite, a 'El Mundo'.

Una auténtica pesadilla

«Soñé que estaba secuestrado por los chinos. Y después por unos frailes. Se veían tumbas, piscinas, un hotel donde me tenían prisionero unas enfermeras. Soñaba que estaba en otro mundo», cuenta este marino.

Pero donde en realidad estaba era en la UCI. Sus pulmones y sus riñones le estaban fallando y los médicos temían por su vida.

«El paciente tuvo una serie de infartos periféricos que provocaron que no le llegara la sangre a las partes distales [las más alejadas del centro del cuerpo]», detalla un especialista del hospital. «Es algo habitual que el coronavirus cause problemas circulatorios y de coagulación de la sangre. En su caso, se le necrosó la mano. Estaba en la UCI y la tenía momificada, sin riego, oscura, como la rama de un árbol. Por eso a José hubo que cortarle la mano y parte del pie», explica.

Mientras el marino permanecía en aquel limbo, su mujer tomaba las decisiones. «Me dijeron que tenía trombos en toda la mano hasta la muñeca, y que iban subiendo. El problema era que, si no se hacía nada, se iba a gangrenar. Pero para operar aquello habría que anestesiarlo y, en su estado, podía suponer la muerte. Así que fue fácil elegir: entre su vida o la mano, elegí su vida», cuenta Maite.

Un duro despertar

Tras dos meses en la UCI y más de dos en planta, José Miguel Ortiz pudo marcharse de aquel lugar que tanto le había cambiado la vida en apenas unos meses.

Ahora, a José Miguel le ha cambiado el carácter. Es más tranquilo que antes del coronavirus y sigue con su buen humor, aunque se siente muy débil. Y es que toma ocho pastillas durante el día y tres por la noche. Además, no ha recuperado ni un solo kilo de los 25 que perdió.

Pero lo que peor lleva es eso de no poder saborear ni oler nada. Quizá el tiempo devuelva estos sentidos a este implacable marinero que lucha hoy para salir de este mar tan agitado.


Comentarios

envía el comentario