Calle vacía de Barcelona durante la pandemia de coronavirus por la noche

El estudio que da la razón al Gobierno para no alargar el toque de queda

Avanzar el toque de queda más allá de las 22:00 horas se ha convertido en la nueva batalla campal entre el Gobierno y las autonomías

El Ministerio de Sanidad rechazó ayer, 20 de enero, tras la reunión del Consejo Interterritorial de Salud, modificar el texto del estado de alarma actual —o redactar uno nuevo— para permitir a las autonomías adelantar el toque de queda más allá de las 22:00 horas, que es el límite legal actual para imponerlo.

Una de las razones del ministerio para su decisión es que en muchas autonomías todavía no se han aplicado todas las medidas a su alcance para frenar la tercera ola de Covid-19, como el cierre total de hostelería y comercios no esenciales y de toda actividad lúdica, de ocio, deportiva y cultural.

Además, Sanidad cree que si se amplía el toque de queda, y por lo tanto se reducen las horas en las que los ciudadanos pueden interactuar, estas interacciones se concentrarán en menos horas, y por lo tanto aumentarán las congestiones de personas en lugares como tiendas, centros comerciales o incluso en parques o jardines. 

Varios expertos coinciden, además, en que las restricciones para frenar la tercera ola no deberían ir encaminadas en evitar que la gente salga a la calle, sino en evitar que la gente se meta en sitios cerrados con más gente. Los espacios al aire libre y ventilados son los lugares más seguros para protegerse del virus, siempre protegiéndose con mascarilla y manteniendo una distancia mínima de seguridad, y un nuevo estudio de varias universidades españolas, da la razón a estos expertos y a Sanidad sobre los problemas de adelantar el toque de queda. 

El ejercicio físico ayuda a la salud psicológica durante una pandemia

El estudio 'Psychological Health and Physical Activity Levels during the COVID-19 Pandemic: A Systematic Review', realizado por las universidades españolas de Barcelona, La Laguna (Canarias), Ramón Llull (Barcelona) y La Rioja (UNIR), junto a la University of British Columbia de Vancouver de Canadá, se ha publicado en la revista 'International Journal of Environmental Research and Public Health). Su conclusión es que la actividad física favorece la salud mental durante periodos de confinamiento, como el que vivimos en España entre marzo y mayo del 2020. 

El estudio busca determinar qué efectos tiene el confinamiento en la salud de las personas, no solo para la pandemia actual, sino para futuras oleadas de otras enfermedades que puedan suponer un problema de salud pública mundial. Cabe recordar que gran parte de los gobiernos de todo el mundo decretaron algún tipo de confinamiento durante la primera ola de la pandemia, y que durante la segunda y la tercera ola también se han decretado confinamientos, aunque en general menos drásticos que en la primera ola. 

En ese sentido, el estudio pone de manifiesto que «el confinamiento provocó desórdenes psicológicos en las personas, más en los adultos que en los niños», tal como indica María Gloria Gallego-Jiménez, investigadora de UNIR; y que la realización de ejercicio físico puede ser una buena estrategia para contribuir al bienestar emocional de los ciudadanos. 

La investigadora añade que durante esos dos meses de confinamiento severo, la población buscó formas de mantenerse activa y «practicar deportes», aunque fuese dentro de casa y sirviéndose del uso de la tecnología. Cabe recordar, por ejemplo, que numerosas videoconsolas actuales ofrecen juegos que permiten practicar ejercicio en casa, e incluso la OMS recomendó en marzo ayudarse de este tipo de videojuegos para mantenerse activos. 

El estudio de estas cinco universidades ha analizado 180 artículos científicos que fueron publicados entre el 1 de enero del 2019 y el 15 de julio del 2020, y de todos ellos se eligieron 15 para realizar la investigación y estudiar la relación entre la actividad física y la salud mental durante la pandemia, en colaboración con entidades de otros 15 países.

La revisión de estos artículos concluyó que hay evidencia sobre el impacto que el confinamiento tuvo en la salud mental de la población adulta y los efectos que tuvo la actividad física en la salud psicológica durante ese tiempo. Así, durante el confinamiento se observó aumento de condiciones como el estrés, la ansiedad, el aislamiento social y la angustia psicológica entre la población adulta, que además entre el personal médico tuvo unos niveles mucho más altos de lo habitual. 

Varios estudios revelan también que la gente que no realizó ejercicio físico de ningún tipo durante ese tiempo se volvió más sedentaria, por lo que mostró resultados más perjudiciales para su salud mental. 

Evitar el confinamiento y limitar las interacciones en interiores

Todas estas conclusiones se alinean con una de las razones del Gobierno para no seguir ampliando el toque de queda y para evitar un confinamiento domiciliario estricto como el de marzo, ya que se intenta preservar también la salud mental de los ciudadanos. 

Varios expertos, en ese sentido, creen que salir a hacer ejercicio, desde salir a correr hasta pasear, a las ocho de la tarde, con mascarilla y distancia de seguridad, no supone un riesgo de contagio siempre que se respeten todas las medidas necesarias, y creen que las restricciones que imponen los gobiernos deberían ir encaminadas a limitar al máximo posible las interacciones sociales, especialmente en espacios interiores.

Por ese motivo, aseguran que el cierre de bares y de comercios y la prohibición de reuniones sociales más allá del ámbito convivencial son mucho más efectivas para cortar la transmisión del coronavirus que prohibirle a la gente salir a la calle más que para trabajar y exigirle que después se encierren en casa, con todo el estrés que esa rutina de vida puede conllevar para su salud mental.