Katalin Karikó en un bosque en otoño

La descubridora de las vacunas dice cuándo volveremos a la vida normal

Sus investigaciones fueron clave para el desarrolla de las vacunas contra el covid

No hay duda que el desarrollo de las vacunas contra el Covid en un tiempo récord ha sido todo un logro para la ciencia. Se ha podido lograr en muy pocos meses, lo que normalmente lleva años y años de investigación y de pruebas, primero en animales y finalmente en humanos. 

Todo gracias a una gran innovación que se ha aplicado por primera vez en estas vacunas, el ARN mensajero. Este, que ha sido utilizado tanto por Pfizer/BionTech como por Moderna,  lo que permite es que sean nuestras propias células las que reaccionen y eviten que un agente externo, como un coronavirus, entre en nuestro cuerpo. Las vacunas normales lo que hacían era generar anticuerpos para combatir el virus con microorganismos debilitados y similares a este. 

Y este gran avance no habría sido posible sin la investigación que llevo a cabo la bioquímica húngara Katalin Karikó, la considerada descubridora de este tipo de vacunas. Su trabajo fue clave para desarrollarlas tan rápidamente y por eso ella no tiene ninguna duda sobre su eficacia. 

En una entrevista concedida el diario 'El País' no tenía en duda del gran éxito que tendrá la campaña de vacunación que ya ha empezado en buena parte del mundo. Admite que ella no tiene «ningún miedo» ya se hubiera vacunado, si fuera posible: «Si no fuera ilegal ya me habría inyectado en el laboratorio, pero a mí siempre me ha gustado seguir las normas». 

Además se atrevía a lanzar un mensaje de optimismo sobre como afectará la llegada de las vacunas y la posterior vacunación masiva al futuro de la pandemia. «Estas vacunas nos van a sacar de esta pandemia. En verano probablemente podremos volver a la playa, a la vida normal», aseguraba en el diario citado. 

La investigadora intenta también transmitir un mensaje de confianza  en este tipo de nuevas vacunas en las que todavía existen muchos interrogantes y dudas. «El ARN es algo completamente natural que se hace a partir de nucleótidos de plantas. No se utilizan ni bacterias ni nada desconocido. Los prototipos ya llevan más de 10 años usándose y son completamente seguros», explicaba 

Su éxito donde otros fracasaron 

Pero aunque las vacunas de Pfizer o Moderna se han conseguido en menos de un año, el camino para desarrollar la tecnología en que están basadas ha sido mucho más largo. La propia Karikó admite que durante mucho tiempo recibía «rechazo tras rechazo» para poder financiar su investigación. 

Y ella no fue la única que se encontró con esta barrera. Otro pionero en este tipo de investigación, el jefe de la Iniciativa de Medicinas Innovadoras, Pierre Meulien, explica como un equipo de investigadores francés que tuvo parar sus trabajos en 1993 por falta de financiación. «Todo el mundo pensaba que era una locura, que no funcionaría», afirma. 

Otros como el miembro Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis, David Curiel, confirman que sus equipos fueron los primeros en desarrollar una vacuna ARN que no interesó a la empresa con la que colaboraban. «Nos dijo que la vacuna no tenía futuro», afirmaba. 

Tuvo que ser Karikó la que ya en los años 2000 consiguiera la atención de las farmacéuticas. Entró en el grupo de trabajo del experto en el virus VIH Dreiss Weissman. En él, en 2005 descubrieron que cambiando una letra de la secuencia genética se podía evitar la inflamación que generaban este tipo de vacunas.

Tras unos primeros rechazos, Moderna compró estas patentes en 2010. En 2013, haría lo mismo BioNTech, empresa en la que Karikó es ahora vicepresidenta. Finalmente, el desarrollo de esta investigación sería clave para las tan esperadas vacunas contra el covid.