Un hombre mirando por la ventana en época de confinamiento

La condición de los expertos para que España pueda evitar el confinamiento en casa

El cumplimiento de las restricciones es esencial para evitar que la cepa británica eche por tierra todos los avances

Hace ya varios días que las autoridades sanitarias han observado ciertas mejorías en algunos índices epidemiológicos de la tercera ola de Covid-19, que está demostrando ser mucho peor que la segunda y a la que todavía le queda cuerda para rato. 

La incidencia acumulada bajó el jueves y el viernes de la semana pasada, dos días consecutivos, algo que no ocurría desde principios de diciembre, y el número total de casos que se suman al acumulado diariamente también ha dejado de marcar récords, aunque se seguían superando los 40.000 casos en algunas jornadas. 

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Otro de los datos que también está bajando es la positividad de las pruebas, lo que indica que se está consiguiendo controlar el avance de la pandemia, pero la saturación en hospitales y el número de muertos sigue creciendo, y los expertos auguran que seguirá en cifras muy elevadas durante algunas semanas más aunque empezasen a bajar drásticamente los contagios. 

Estas mejorías, que todavía deben trasladarse a los hospitales, se han conseguido después de semanas de restricciones muy duras en prácticamente todo el país, y que llegaron después de la relajación de las medidas durante las navidades.

Desde el 7 de enero —en algunas comunidades incluso antes— se ha ido produciendo en España una cascada de restricciones que ha llevado al cierre de la hostelería en varias comunidades, al cierre de todo lo no esencial en algunas zonas, a los confinamientos municipales e incluso a pedir un adelanto del toque de queda y un confinamiento domiciliario, dos medidas que no han llegado porque el Gobierno central no las ha autorizado al considerar que no eran necesarias.

La cepa británica podría ser dominante en marzo

Pero hay un factor que las autoridades no tuvieron en cuenta cuando comenzó la tercera ola: la cepa británica. Desde que el pasado 27 de diciembre se detectaran los primeros casos en España, esta variante del coronavirus se ha extendido ya por casi todo el país, con cientos de casos confirmados y otros cientos en estudio. 

La variante VOC B.1.1.7, el nombre científico de esta cepa británica que ya circula por nuestro país, ya representa entre el 5 y el 10% de todos los coronavirus en España, según datos del Ministerio de Sanidad. De hecho, en Asturias los contagios con la variante británica ya representan el 25% del total, según anunció su presidente, Adrián Barbón, y algunas comunidades como Cataluña y Madrid prevén que sea la cepa dominante en el mes de marzo, o incluso antes.

Esto supone una nueva página en el libro de instrucciones contra la pandemia, porque es una variante que es un 70% más contagiosa y que obliga a revisar las restricciones que se están imponiendo actualmente. 

Si el virus se contagia más, las medidas podrían no ser suficientes para evitar su propagación, algo que trae de cabeza a las autoridades. De momento, pero, los expertos creen que las restricciones sí son suficientes si se cumplen «a rajatabla» y si las autoridades llevan a cabo un sistema de vigilancia genómica que permita rastrear estos casos y evitar que se propaguen sin control. 

El hecho de que esta nueva variante se propague más rápidamente —se calcula que se multiplica a una velocidad semanal de entre 1,5 y 2 veces— hace que aumente el número de personas que requieren hospitalización en menos tiempo, lo que lleva a la saturación de los servicios de Urgencias, los hospitales y las UCI, algo que ya está ocurriendo ahora sin la cepa británica. 

Saturación del sistema sanitario

Más pacientes ingresados implica menos recursos para atenderles, lo que a la larga se traduce en una mayor letalidad aunque el virus no sea más virulento por sí mismo. Roger Paredes, investigador del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona, en Barcelona, cree que «es mucho peor una variante más transmisible que otra más letal, dentro de unos límites. Porque se expande más rápidamente, afecta a más personas y termina saturando los sistemas hospitalarios».

Otra opinión tiene la viróloga Sonia Zúñiga, como cuenta en 'ElDiario.es', que cree que un 5 o 10% de presencia no hacen que se pueda hablar de que esta cepa se está imponiendo. La cepa dominante actualmente en España, la variante D614G, que sustituyó la original de Wuhan, pasó de un 1% de presencia a un 50% en un mes, algo que la británica no está consiguiendo, por lo menos al mismo ritmo. 

Los expertos creen que, ante este panorama difícil de prever, las restricciones actuales son básicas. El uso de mascarilla, la distancia social o los confinamientos deben cumplirse «a rajatabla», pero algunos creen que no son suficientes.

Roger Paredes, por ejemplo, cree que un confinamiento total sería determinante para detener la progresión de la cepa británica. Reino Unido, Portugal e Irlanda, donde la cepa británica está mucho más extendida, han tenido que optar por esta vía para controlar sus curvas de contagios.

En España, de momento, se ha conseguido bajar la incidencia sin llegar a imponer esa medida, pero está por ver si ese descenso se consolida o se ve interrumpido para volver a crecer de forma explosiva como ha ocurrido este mes de enero. Si pasa eso con las UCI y los hospitales al nivel que están, será casi imposible seguir evitando ese confinamiento.