Un médico con mascarilla y traje de protección

'Es posible que tengamos que aprender a convivir con el coronavirus para siempre'

Andrew Pollard, investigador principal del ensayo de la vacuna de AstraZeneca, ofrece su visión sobre el futuro de la pandemia

Andrew Pollard dirige el Grupo de Vacunas de la Universidad de Oxford y es el investigador principal del ensayo de la vacuna contra el coronavirus ChAdOx1 nCoV-19, que hoy en día recoge datos de cerca de 24.000 voluntarios en Reino Unido, Brasil y Sudáfrica. El científico ha escrito un artículo en el periódico británico 'The Guardian', que ha traducido para su página web 'eldiario.es'.

Pollard explica que «después de un año difícil de batalla contra el Covid-19, ahora empezamos a ver cómo se distribuyen en el mundo muchas vacunas eficaces contra la enfermedad, entre ellas, la de Oxford/AstraZeneca, que yo ayudé a desarrollar. En este contexto es lógico que nos preguntemos cuándo podremos volver a la normalidad».

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Además, el investigador pone el valor la eficacia de todas las vacunas que han elaborado hasta ahora las diferentes farmacéuticas, pero estas buenas noticias «se ven empañadas por el hecho de que tengamos tantas poblaciones vulnerables sin vacunar en todo el mundo. Debemos hacerles llegar urgentemente las vacunas para evitar las manifestaciones más graves de la enfermedad. Nosotros, y nuestros políticos, debemos derribar las barreras para la distribución en lugar de levantarlas», confiesa.

«Esto es especialmente importante en un momento en el que vemos la expansión de nuevas variantes del virus. Estas mutaciones parecen haber surgido en poblaciones en las que una proporción alta de individuos se han contagiado y ya existe un nivel relativamente alto de inmunidad, por lo que el virus se ha visto obligado a cambiar para sobrevivir», confiesa en su artículo.

Sobre las nuevas mutaciones y la inmunidad contra el virus

Pollard advierte que «las mutaciones que vemos en Sudáfrica y Brasil facilitan que el virus infecte a las personas que ya tenían inmunidad al esquivar los anticuerpos neutralizantes que los seres humanos producen tras las infecciones naturales o la vacunación (un estudio a pequeña escala ha mostrado una menor eficacia, del 10%, de la vacuna de Oxford/AstraZeneca a la hora de prevenir la infección leve o moderada por la variante identificada por primera vez en Sudáfrica, que ha suspendido temporalmente su aplicación)».

«A pesar de esta preocupante cuestión, debería haber cierto optimismo en cuanto a que la inmunidad contra el virus a través de las vacunas o después de la infección podría prevenir las manifestaciones graves de la enfermedad, aunque la propagación continúe. Al fin y al cabo, el virus no está aquí para matarnos. Su razón de ser es propagarse, y para ello nos necesita vivos», continúa su reflexión Andrew Pollard.

Buscando la forma de convivir con el Covid

Advierte Pollard sobre la perpetuidad del Covid, que «es probable que en los próximos años haya una transmisión continua de nuevas variantes tanto en las poblaciones infectadas de forma natural como en las vacunadas. Las nuevas mutaciones permiten que la infección se mantenga en la nariz y la garganta para que el virus pueda sobrevivir. Los coronavirus son muy comunes en los seres humanos, y casi todos nosotros hemos tenido infecciones por coronavirus en la infancia, pero seguimos reinfectándonos y desarrollando resfriados por ellos a lo largo de la vida. Este es un patrón futuro muy probable en el caso del coronavirus que ha causado la pandemia de Covid-19», apunta. 

Por la capacidad del coronavirus para mutar, «es posible que tengamos que encontrar la forma de convivir con él a medida que siga transmitiéndose en la población, causando síntomas leves de infecciones en el sistema respiratorio superior en la mayoría, y una enfermedad más grave entre la reducida población de personas que no son inmunes o cuya inmunidad es débil», reza el texto.

«No es el momento de caer en la autocomplacencia»

Para finalizar su artículo, Pollard pone sobre la mesa que «si con la actual generación de vacunas podemos seguir protegiendo a la población contra las manifestaciones más graves de la enfermedad y la hospitalización, es posible que contengamos el problema de la presión sobre nuestros sistemas sanitarios, y que el fin de la pandemia esté en el horizonte», señala.

«Mientras evaluamos el impacto que tienen las vacunas actuales en el mundo real sobre los ingresos hospitalarios, los investigadores ya están trabajando en una nueva generación de vacunas, destinadas a controlar mejor las nuevas variantes, por si resultan necesarias. Por tanto, hay motivos para la esperanza, pero no es el momento de caer en la autocomplacencia», concluye.

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