Letizia en la calle con cara seria

Se muere por opinar: Letizia, la inesperada y fiel seguidora del documental de Rocío Carrasco

La reina albergaba la remota esperanza de continuar esa carrera que le apasionaba

El documental de  Rocío Carrasco se ha convertido en el tema del momento, y no sorprende que haya llegado incluso a las esferas más altas, donde hasta la propia reina Letizia parecer estar pendiente, según ha revelado la periodista Pilar Eyre a la revista 'Lecturas'. 

«Letizia está volcada con el tema de Rociíto. Se ve los docudramas, llama a sus amigas periodistas para preguntar por la trastienda del asunto y toma partido apasionadamente», ha asegurado. 

«Tiene muy claro su veredicto porque es como todos nosotros, ¡nada humano le es ajeno! ¡Qué no daría ella por poder opinar libremente!, porque una cosa es dejar de ser periodista y otra es que el periodismo la deje a una».

Al parecer, tras convertirse en reina, Letizia renunció a muchas cosas, entre las que se encuentra su carrera, el periodismo, la cual adoraba. Aunque, en un primer momento llegó a pensar que podría seguir ejerciendo, aunque no fuese con la misma intensidad que antes. 

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Lamentablemente, tal y como comenta Eyre, poco a poco se fue dando cuenta de que los funcionarios encargados de vigilar la actuación de los miembros de la familia real, no le iban a permitir ejercer su vocación más allá de sus labores como princesa, y posteriormente como monarca.

«En los primeros tiempos de su noviazgo pensó, ingenuamente, que podría seguir ejerciendo. Albergaba la remota esperanza de continuar esa carrera que le apasionaba. Una vocación que heredó de su padre, un periodista de 'verdad' que hizo calle, cubrió eventos y trabajó en una redacción soportando turnos y compitiendo por la exclusiva».

Esa adoración que sentía por su su profesión, le hizo incluso plantearse casarse con Felipe. «Le costó darle el sí a Felipe, precisamente por tener que abandonar su profesión».

De hecho, intentó participar en algún documental, pero «ciertos funcionarios que se encargan de vigilar cada uno de los pasos que da la familia real, conocidos como 'los hombres de gris' le impidieron seguir adelante alegando frases como: 'Ahora no es el momento', 'La popularidad de la Corona está bajo mínimos' o 'La posición de su suegro es muy delicada'». 

Así, es comprensible que Letizia haya visto sus sueños frustrados, y ahora parece que se limita a comentar el tema del momento con sus amigas a través de llamadas. Nada que ver con la joven alegre y llena de ilusiones que se convirtió en princesa de un día para otro.

«Letizia era muy divertida y estaba llena de curiosidad por esa gente popular a la que hasta entonces solo había conocido a través de las revistas y de su trabajo... Se dirigía a los famosos directamente, los cogía del brazo, les hacía preguntas, era muy espontánea. Más que guapa, era mona y atractiva. Al príncipe se le caía la baba mirándola». 

Sin embargo, esa actitud abierta de Letizia con la prensa cambió radicalmente conforme los medios empezaron a criticarla y arremeter contra ella con dureza, algo que ella consideraba injusto. «Llegó a pensar incluso que se trataban de cotilleos infundados desde la Casa Real para apartar la atención de la conducta irregular de Juan Carlos». 

«Despertar cada día con una alusión malintencionada a su excesiva delgadez o el recuerdo exagerado de la humildad de su familia fue amargando su carácter y minando la confianza en sus antiguos colegas». Lo que a su vez, también redujo radicalmente su círculo de amistades y personas en las que confiaba.

«Se convirtió en una máquina de reñir, se le notaba siempre malhumorada, incómoda... Los organizadores de eventos no sabían que hacer para contentarla». De hecho, Pilar Eyre va más allá y señala que  Felipe se convirtió en la víctima que pagaba los platós rotos de sus enfados. «Si yo no me divierto, tú tampoco».