Ximo Puig y Gabriela Bravo

Ximo Puig, el presidente autonómico que dejó a su mujer por una consejera

Tras años de convivencia con su esposa Amparo Panadero, Puig tiene ahora como pareja a la consejera de Justicia valenciana, Gabriela Bravo

No hay duda de que Ximo Puig es uno de los líderes autonómicos con más proyección en nuestro país. El presidente de la Generalitat Valenciana es uno de los mandos regionales más potentes del PSOE y una de las voces con clara incidencia en el seno de su partido y en el Gobierno, donde la voz que llega desde el levante español es escuchada, a menudo, con notable atención. Pero si bien es cierto que de vez en cuando el presidente valenciano adquiere cierta atención en los medios de comunicación, también lo es que se trata de un político poco conocido fuera del territorio valenciano.

Puig, de 62 años, lleva a sus espaldas una dilatada trayectoria política. Antes de llegar, en 2015, a la presidencia de la Generalitat Valenciana, fue alcalde de su pueblo natal, Morella (1995-2012), en el interior de Castellón; además de diputado en el Parlamento regional (1983-1986, 1999-2011) y diputado en el Congreso (2011-2015). Fue en 2012 cuando asumió el liderazgo del PSOE en la Comunidad Valenciana e inició el camino que le llevó, en 2015, a la presidencia autonómica, etapa en la que, hasta día de hoy, ha gozado de gran protagonismo político, como es lógico por su rango.

Es evidente que, además de sus decisiones y manifestaciones cotidianas, a menudo nos interesa conocer los aspectos más personales de nuestros políticos. El foco mediático del que son protagonistas genera curiosidad e interés en la ciudadanía, que puede encontrar en la faceta más íntima de nuestros gobernantes aspectos o curiosidades que sean de interés para hacerse una idea de su personalidad. Se trata, al fin y al cabo, de personajes públicos y su dimensión personal genera interés por parte de la ciudadanía como ocurre con futbolistas, cantantes o actores, por poner varios y distintos ejemplos.

Ximo Puig, el protagonista de una historia de amor surgida en su Gobierno

Pero el caso que nos ocupa es particularmente curioso. Puig está oficialmente divorciado de su esposa desde 2018, pero la historia que hay detrás de esta separación fue un auténtico 'bombazo' informativo durante su primer mandato al frente de la Generalitat. Pero vayamos por partes. Ximo Puig contrajo matrimonio en 1989 con la periodista Amparo Panadero, un año menor que él. A día de hoy, Panadero es asesora de la alcaldesa socialista de Castellón de la Plana, Amparo Marco, cargo que asumió en febrero de 2020.

En 2015, Puig inició su andadura en el Gobierno valenciano y decidió fichar a una fiscal que entre 2008 y 2013 había sido vocal del Consejo General del Poder Judicial. Su nombre es Gabriela Bravo y su perfil era el idóneo para ocupar la cartera de consejera de Justicia, Interior y Administración Pública de la Generalitat Valenciana. A medida que avanzaba la legislatura, Puig y Bravo fueron aproximando su relación. Ya en 2018, se hizo notar una frecuente coincidencia de actos en su agenda: el presidente Puig y la consejera Bravo se encontraban a menudo en eventos oficiales.

Hasta ahí, claro, nada fuera de lo normal. Es a partir de este punto donde hay varias versiones: la primera apunta que Amparo Panadero invitó a Ximo Puig a abandonar su hogar en común en junio de 2018; mientras que la segunda defiende que la separación entre Puig y Panadero se produjo a principios de año y que, posteriormente, se habría producido el acercamiento entre el presidente valenciano y su consejera de Justicia. ¿Cuál es la verdadera historia? Solamente los implicados conocen la verdad. Pero el caso es que el matrimonio entre Puig y Panadero —con dos hijos en común, Pau y Miqui— se rompió en la primera mitad de 2018. Desde entonces, ni rastro de vida en común entre ambos.

Desde entonces, una pareja normal pero discreta... y con alguna crítica

Fue en esas fechas cuando el presidente valenciano comenzó su particular historia de amor con Gabriela Bravo de una forma menos velada. Ese mismo verano fueron captados juntos en una escapada en Guipúzcoa, y en los sucesivos meses siguientes acudieron juntos a un partido de la Copa Davis de tenis en Valencia y, a su vez, fueron vistos en una playa en la localidad alicantina de Xàbia. En definitiva, Puig y Bravo forman ya una pareja sentimental que, sin grandes apariciones oficiales, no se esconde: una historia de amor surgida entre los muros del gótico Palacio de la Generalitat Valenciana.

Aunque la relación se encuentra ya plenamente normalizada, no ha estado totalmente exenta de polémica. El pasado otoño, Alfons Puncel, subsecretario de la consejería de Agricultura en la Comunidad Valenciana por Compromís, la formación socia del PSOE en el ejecutivo autonómico, utilizó la metáfora de un centro comercial para criticar la relación entre Ximo Puig y Gabriela Bravo y la afectación que, según él, tiene en el Gobierno autonómico. 

«La sospecha de que se mantiene en la dirección de ese departamento solo por su relación con el director del centro comercial empieza a socavar la autoridad de ambos», escribió Puncel el pasado 9 de octubre en su Facebook. La crítica, catalogada por algunos de machista, es fácilmente extrapolable a Puig y Bravo, y supuso una fuerte polémica interna en el seno del Gobierno valenciano.