María, Valvanera, Esperanza y Patricia: Las 4 nietas Domecq que fallecieron de repente

María, Valvanera, Esperanza y Patricia: Las 4 nietas Domecq que fallecieron de repente

Aquel 22 de marzo de 1991, las nietas del patriarca Domecq perdieron la vida en un accidente de tráfico al colisionar frontalmente contra un camión

Si nos desplazamos hasta Andalucía y preguntamos sobre la familia Domecq, seguro que más de uno sabe a quién nos referimos, puesto que este en concreto es uno de los grupos familiares con más renombre en el lugar.

Allegados, miembros familiares muy unidos, entre ellos, abuelos, padres, hijos y nietos con características en común en lo referido a la sangre aristócrata o vinculados al mundo de la ganadería y del vino, entre otros. Numerosos proyectos y cualidades a los que se han volcado y con los que, con el paso de los años han creado fama y poderío.

Sin embargo, a pesar de su trascendencia y buena vida, si algo podemos tener claro es que los ricos también lloran. En muchas ocasiones, la suerte no ha corrido a favor de la familia Domecq, ¿lo peor?, la terrible tragedia sucedida ya hace unos 30 años cuando las cuatro nietas del patriarca de la familia, Álvaro Domecq Díez, fallecieron de forma instantánea al sufrir un grave accidente de coche. Las niñas recibían el nombre de María José, Valvanera, Esperanza y Patricia. Cuatro hermanas realmente queridas por todos e hijas de Fabiola Domecq Romero (hija de Álvaro) y Luis Fernando Domecq Ybarra.

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El trascurso de la peor pesadilla de sus vidas

Todo parecía marchar perfectamente cuando aquel día, el 22 de marzo de 1991, la mayor de las cuatro, María José, de 21 años de edad, conducía un Opel Kadett familiar. De copiloto y en los asientos de la parte de atrás, sus hermanas, Valvanera, de 15 años, Esperanza, de 13, y Patricia, de 11. También presente en el vehículo, Manoli Puerto Galindo, de 29 años y profesora de las niñas.

Aquel 22 de marzo, comienzo de primavera era viernes y las cinco ocupantes se dirigían desde Jerez de la Frontera (Cádiz) hasta la finca Los Alburejos, en donde habitaba el abuelo de las jóvenes. Eran las 17:00 de la tarde y en el kilómetro 13 de la carretera comarcal 440 en dirección Jerez-Los Barrios, María José, que conducía el vehículo, quiso realizar una maniobra de adelantamiento al Renault 21 que iba delante de ella. El Renault, sin esperarlo, frenó de manera precipitada y Maria José chocó contra la parte trasera de este primero, desplazándose, como desencadenante de ello, hasta el carril izquierdo, con la mala suerte de colisionar violentamente contra un camión que venía de frente.

Sucedido el accidente, los dispositivos de emergencias, y así como lo bomberos, realizaron las maniobras pertinentes para excarcelar los cuerpos de las cinco chicas que se situaban en el vehículo. Al lugar de los hechos también se trasladaron el abuelo de las niñas, Álvaro Domecq Díez, acompañado en todo momento de su hijo Álvaro Domecq Romero.

El fallecimiento ocurrió en el acto y los cuerpos de las jóvenes fueron trasladaron momentos después al Hospital de la Seguridad Social de Jerez para realizarles la autopsia, y, una vez desarrollada esta, se les trasladó a la finca familiar para que pudieran ser velados durante toda la noche.

En cualquier caso, un suceso con consecuencias fatales que mantuvo en vilo al país entero, sobre todo a los vecinos de la localidad. Al día siguiente, era el turno del funeral, oficiado por el obispo de la localidad.

Tiempo después, el 23 de abril de 1991, en una entrevista a Álvaro Domecq cuando se le preguntó sobre si tenía miedo a la muerte tras el accidente de sus nietas, tenía muy clara la respuesta: «Yo no. Creo que es un paso de esta vida a la otra; lo que hace falta es tener fe, porque si no tienes fe, entonces es un desastre», explicaba él.

 Por su parte, un miembro de la familia, Paco Mora comentaba para ‘Aplausos’ la situación con todo detalle: «Recuerdo y todavía se me pone el vello de punta, cuando llamé por teléfono al patriarca de los Domecq para darle el pésame por el desgraciado accidente de carretera en el que murieron varias de sus nietas». A lo que el abuelo de las niñas le respondió: «No se preocupe, Mora, Dios lo ha querido así para que en el Cielo me estén esperando cuatro ángeles el día que Él decida que ha llegado el momento para mí.