Jorge Javier cobra para explicar su vida íntima de cama fuera de Sálvame

Jorge Javier Vázquez desnuda sus pensamientos fuera del plató de Sálvame. El presentador desvela que no es tan picaresco como aparenta.

Jorge Javier Vázquez con los brazos cruzados en un plató de Telecinco
Jorge Javier Vázquez habla sobre su vida íntima en otro medio y cobra por ello | GTRES

Jorge Javier Vázquez esconde bajo su cara pícara y sus comentarios de 'ligoteo', durante las emisiones nocturnas de su programa, una personalidad romántica que nada tiene que ver con la impresión de la que alardea en 'Sálvame'. 

El presentador ha cobrado en otro medio por su confesión menos esperada. Jorge asegura que aunque hay que adaptarse a las nuevas maneras de flirtear y buscar a tu compañero de noche mediante las redes sociales, a él «esos asuntos no se me dan especialmente bien las nuevas tecnologías».

El madrileño se declara «un romántico» que no se acostumbra a los encuentros sexuales esporádicos porque le dejan pensativo y, sobre todo si el compañero ocasional deja huella. En ese caso, la diversión se paga con tristeza. 

«Esos encuentros esporádicos tienden a dejarme con más asiduidad rasguñas en el alma. Será la edad. O la carne, que se estremece cada vez con más pasión con el contacto de una nueva piel y teme no volver a sentir esa reparadora electricidad. O la memoria, que te susurra que cómo tu cuerpo puede pasar sin esos escalofríos tan placenteros. Y te vuelves loco pensando cuándo será la próxima vez», dice Jorge Javier. 

La visión romántica de los encuentros pasionales del empresario teatral tiene orIgen en su juventud, donde sentía que un juego de camas no traería más minutos de reloj junto a ese amigo especial. 

«De jovencito, siempre relacionaba el sexo con la pérdida, con la despedida. Porque era incapaz de alargar encuentros que se producían casi siempre de manera furtiva y por la noche. Me asustaba la luz del día y lo que conllevaba de exposición, de aceptación. Ahora lo que me asusta es que el tiempo pase tan rápido porque a los 50 me estoy entreteniendo con más libertad que a los 20», afirma el presentador. 

«He fantaseado con la idea de tener un picadero»

A sus 50 años, Jorge Javier ha sabido adaptarse a la manera en la que se relacionan las nuevas generaciones. Como él bien dice, «Instagram se ha convertido en el nuevo bar. Antes, si querías ligar, no te quedaba otra que ponerte mono y zambullirte en la tarde-noche. Ahora basta con subir fotos a la red y esperar». 

El nuevo modelo social mantiene relaciones personales mediante las redes sociales. La mayoría se conoce, pero no en persona sino mediante fotografías. Interactúan mediante comentarios en las publicaciones o mensajes privados. Ahí comienza el tonteo, es el paso previo antes de conocerse en un lugar de ocio nocturno. 

En palabras del escritor «lo de pretender conocer a alguien durante la noche está trasnochadísimo. El reparto ya se ha realizado antes de pisar el bar o la discoteca: se acude a ellos para tontear con el que estás tonteando previamente en Instagram». 

Ni qué decir entonces cuando se siente atracción física. Todo comienza en las plataformas sociales. Como dice Jorge Javier, «en cuanto a tener relaciones sexuales, olvídate si pretendes conseguirlas en los lugares de ocio. La gente ya sale 'hecha' –eufemismo– de casa. Es la nueva normalidad, no te puedes revolver contra ella». 

Si esto ya es complicado para quienes acostumbraban a seducir bajo el poder de la mirada porque implica atraer físicamente mediante una fotografía -nada tiene que decir aquí tampoco el poder de la atracción mental, más difícil se pone cuando la persona con la que conectas vive lejos. 

De esto entiende bien el presentador quien asegura que «vivo en una urbanización a las afueras de Madrid y quedar con alguien de una aplicación para acostarme no me resulta nada fácil: los planes más cercanos me salen a diez kilómetros así que tienen que desplazarse o desplazarme. Y entre que hablas, quedas y toda la mandanga pues se te baja el calentón».

Como alternativa a este obstáculo, Jorge Javier asegura que «durante algún tiempo he fantaseado con la idea de tener un picadero en Madrid. Un pisito de soltero para dar rienda suelta a un incesante trasiego de sábanas. Es mucho más sencillo así porque en el centro hay más movimiento de lo mío». 

Sin embargo, el presentador ha descartado esta opción porque siente que «ya no tengo la mente para coleccionar aventuras sin parar». Será que el presentador quiere un compañero de vida más que muchos amigos de encuentros nocturnos.


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