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Imagen de archivo de Karlos Arguiñano en 'Cocina abierta de Karlos Arguiñano'

Karlos Arguiñano hundido por su familia: ‘Aprovechad cada minuto de vuestra vida’

El cocinero ha mostrado su preocupación por su mujer, Luisi, que no sale de casa y sufre mucho con la pandemia

Se ha hecho famoso gracias a su faceta más divertida, contando chistes y canciones detrás de los fogones. Pero a sus 72 años, Karlos Arguiñano atraviesa su peor momento y no ha dudado en hacer partícipe a la audiencia de su sufrimiento: su mujer, María Luisa, no sale de casa por temor a la pandemia.

El cocinero ha abierto su corazón durante su participación como invitado en el programa de TVE «Dos parejas y un destino». Junto a María del Monte, Anne Igartiburu, Florentino Pérez y Gonzalo Miró, el cocinero vasco demostró ser un buen anfitrión mostrando los mejores lugares y sabores de su tierra. Pero también hubo momento para las confesiones.

Karlos Arguiñano explicó que está pasando un mal momento, y el foco de su preocupación es María Luisa, su mujer. «Luisi», como la conocen sus allegados, no sale de casa por miedo a contagiarse, y el cocinero reconoce que «se nos está haciendo muy largo, esta historia está siendo dura de verdad».

Según explicó, su mujer está pasando por un período depresivo: «Luisi no sale de casa por la pena, y me dice que yo salgo mucho». Karlos está preocupado por esta situación porque su mujer solía ser una persona muy activa: «Ha sido capitana toda la vida». Y por si fuera poco, lleva once meses sin poder ver a sus nietos, aunque viven en la misma ciudad.

Karlos Arguiñano es una persona muy familiar y por eso la pandemia del coronavirus le está pasando factura. Él y su mujer, María Luisa Ameztoy, tienen siete hijos: Zigor, Martín, Eneko, María, Joseba, Amaia y Karlos. La mayoría de ellos han querido seguir sus pasos y están involucrados en el KA, el complejo turístico que poseen ligado con la gastronomía. Algunos, sin embargo, han seguido su propio camino. Karlos se dedica al cine, y Amaia ayuda a los pilotos de carreras a mejorar sus tiempos.

Como a todas las familias, la pandemia ha golpeado también a la de Karlos Arguiñano, que ha aprovechado su momento en pantalla para lanzar un mensaje: «Ahora que voy para los 73 años, ya os aviso, y más concretamente en este momento, aprovechad cada minuto de vuestra vida, no dejéis nada para mañana».

El cocinero cumplirá efectivamente 73 años, y no ha dudado en bromear sobre eso: «El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, tiene 74 años y se cree que es Sansón, y ahora el que le va a sustituir, Joe Biden, tiene 78. Si esos pueden ser presidentes de los Estados Unidos, yo puedo hacer albóndigas.

A punto de arruinarse

Quien conoce bien a Luisi es Ane Igartiburu, buena amiga de Karlos Arguiñano que explicó que es ella quien ha cuidado de la casa cuando su marido estaba trabajando. Karlos y Ane también recordaron aquel rumor que corrió hace tiempo sobre una supuesta relación amorosa entre los dos, aunque se lo tomaron a broma.

Karlos y María Luisa se casaron en 1974. Ella tenía 24 años, y provenía de una familia humilde que tenía una pescadería en la que ella trabajó antes de conocer a Karlos. Él tenía 26, y junto con su mujer, decidió montar un negocio: «No teníamos un duro, pero un amigo nos prestó dinero y surgió la posibilidad de coger el castillo Aiala. Nos arriesgamos, trabajamos varios años muy duro y lo sacamos adelante».

Su vida cambió años después. Justo cuando el restaurante atravesaba un mal momento y estaba a punto de cerrar, Karlos recibió una oferta para trabajar en televisión. Sucedió de forma fortuita, cuando salió a la terraza a contar algunos chistes y un productor le propuso hacer un programa de humor. Karlos le dijo que haría uno de cocina para enseñar a las amas de casa a cocinar. A partir de entonces empezó a entrar el dinero en casa de los Arguiñano y pudieron salvar el negocio.

Otro drama familiar

Karlos y Luisi las han visto de todos los colores. Hace un tiempo, él mismo contó en El Hormiguero que su mujer había sufrido dos abortos en los primeros años de su matrimonio. «Los dos primeros se nos murieron con siete meses, nacieron muertos, mi mujer lloraba y yo animándola le decía que tenía un pedazo de marido y lo íbamos a intentar las veces que hiciera falta». Y es que a pesar de todo, Karlos nunca pierde el humor.