'Si yo hubiera entrado en casa de mi hija Marta, hoy sería una mujer fallecida más'

Marisol Burón cuenta cómo está viviendo el asesinato de su hija

Fotografía de una oreja de una mujer durmiendo
'Si yo hubiera entrado en casa de mi hija Marta, hoy sería una mujer fallecida más' | UNSPLASH

Marta Calvo, una chica de 25 años, estaba a punto de abrir un centro estético junto a su madre, cuando fue asesinada por Jorge Ignacio Palma, un narcotraficante colombiano de 38 años con antecedentes. 

Marisol Burón, la madre de la joven, y su hija ya tenían decidido el nombre de su negocio, «Ponte guapa», e incluso habían encargado la cartelería a la empresa Rafelbunyol. Iban a abrir su nuevo emprendimiento en Puzol, una localidad situada al norte de Valencia, justo al lado del Mercadona. Un sueño que nunca pudo llegar a disfrutar. 

«Ella se iba a encargar de las relaciones públicas, era muy buena vendiendo, y yo estaría para llevar el control de todo», ha explicado Marisol en una entrevista con 'El Mundo'. 

El asesino declaró que había descuartizado el cuerpo de la joven y que lo repartió en distintos contenedores. Sin embargo, y tras muchas semanas de búsqueda en vertederos, no se ha conseguido encontrar ningún rastro de Marta. Y ya nadie cree en que esa versión sea cierta. 

Ahora Marisol ha querido que todo el mundo conozca el caso de su hija para que Jorge Ignacio Palma no vuelva a hacerle daño a nadie más. 

«Estoy convencida de que todos hemos venido a esta vida con un legado. Y el de mi hija ha sido encerrar a este psicópata. Porque ella no ha sido la primera chica muerta. Ha habido muchas otras aquí y en otros países. Marta ha tenido que pagar con su vida para que este psicópata dejara de matar a chicas y no salga nunca de la cárcel». 

La respuesta de Felipe y Letizia

En la entrevista con 'El Mundo', Marisol también ha explicado que incluso envío una carta a la Zarzuela para que los monarcas le ayudaran a que la justicia reaccione de forma adecuada ante casos como el de Marta.

«Los Reyes me han respondido que no pueden hacer nada porque todo está bajo secreto de sumario y es un caso muy mediático. Yo quería que empatizaran conmigo y que entendieran que no podemos vivir así, que España tiene que reaccionar ante los asesinos». 

Otras víctimas

El asesino de Marta también está relacionado con otras dos casos: el de Lady Marcela Vargas, una mujer colombiana de 26 años, cuya muerte está enlazada con rituales de sexo y cocaína, y el de Arliene Ramos, una chica brasileña de 32 años, que se citó con el agresor en un local de alterne de Valencia. 

Marisol ha explicado que ella está en contacto con los familiares de la chica colombiana y que lo que hacía Jorge Ignacio era algo mucho más brutal que «fiestas blancas». En el último informe del juez, este habla de una «presunta introducción forzada de cocaína en órganos genitales de varias mujeres».

Tan solo han salido a la luz tres víctimas mortales de este hombre, pero hasta ocho más han llegado a testificar contra el asesino. 

«Una persona que ha estado en la cárcel en Italia, que lo cogen en Pamplona, que lo detienen. ¿Y lo dejan suelto bajo fianza? ¿Cómo dejas a un traficante libre? Además tenía la residencia caducada desde 2017 y no fue expulsado».

«Esta es la España de hoy. No todo el mundo debe poder venir como si esto fuera un hotel de cinco estrellas. Esto tiene que cambiar», ha sido la respuesta que ha ofrecido la madre de Marta cuando ha sido cuestionada por lo que debería cambiar para hacer justicia por su hija y por las otras víctimas. 

Marisol se enfrentó con el asesino de Marta

Una relación madre e hija envidiable que se ha visto truncada de la peor de las formas. «Era una relación especial. Ella me lo contaba todo y yo le decía '¡oye que soy tu madre!'. Ella respondía: '¿Quién me va a apoyar si no eres tú y quién es la persona que no me va a hacer daño nunca?'». 

Tan buena era la relación que mantenían que incluso Marta le envío un mensaje a las 02:30 am con la ubicación de la casa a la que iba a acudir. «Yo estaba ya durmiendo, pero en aquel mensaje me dijo que estaba con un chico y que estuviera tranquila». 

Sin embargo, cuando despertó y leyó el mensaje ya se alarmó. «Miré el móvil y vi que estaba en Manuel. Yo no sabía ni dónde estaba ese pueblo». La última conexión de Marta fue a las 05:55 am y cuando intentó contactar con ella su teléfono ya no daba señales. 

«Cuando al día siguiente la llamé a las 10 de la mañana, el teléfono estaba ya apagado. Y esa tarde me fui a buscarla», explica su madre. 

Allí se encontró de frente con el asesino de Marta. «Me dijo en mi cara que no conocía a mi hija. Y que no había estado con ella. Si me llega a decir que mi hija se estaba duchando, yo entro a la casa para echarle la bronca y me diga que está bien. Si eso hubiera ocurrido, Marisol no duda: 'Hubiera sido otra mujer muerta'». 

Marisol también ha confesado que no cree en el relato que ha ofrecido Jorge Ignacio sobre lo que le sucedió a Marta. «Él dice que mi hija muere, que él no la mata. Si hubiese sido así, cualquiera llamaría al 112. ¿No es indignante que descuartizar un cadáver se zanje en España con una multa?». 

«Es una estrategia de su abogado que toma como modelo el caso de Marta del Castillo», ha explicado Mariano Navarro, el psicólogo y portavoz de la familia, sobre la incógnita del cuerpo de la joven. «En una cabeza normal no cabe lo que cuenta, estamos ante un psicópata con un plan para justificar el crimen y encubrir su parafilia sexual. Es un psicópata de libro, un asesino en serie».

Dispuesta a luchar por la justicia

Si Marisol tuviera oportunidad de volver a enfrentarse con el asesino de su hijo tiene claro lo que le diría: «Que voy a ser su pesadilla. No voy a parar hasta que pidan para él prisión permanente revisable. Él tiene 38 años, pero yo tengo 50 y cuando pase 25 en la cárcel yo seguiré ahí». 

Está dispuesta a hacer lo que sea necesario para que impongan penas más duras y estrictas a los asesinos. «Que me dan la batuta y verán de lo que soy capaz». Y ha confesado que no entiende por qué los políticos no actúan como deberían frente a estos casos. «En mi cabeza no cabe que los políticos no hagan nada». 


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