Quieren irse sin pagar de un bar de Sevilla y reciben un inesperado merecido

Una mujer evitó que tres jóvenes hicieran un 'simpa'

Tres jóvenes comiendo pizza en un bar y con una jarra de cerveza en la mano
Quieren irse sin pagar de un bar de Sevilla y reciben un inesperado merecido | iStock

Un establecimiento hostelero situado cerca de la estación en el barrio de Santa Justa, vivió una situación un tanto extraña. 

Se trata de un local que no cuenta con una clientela fija porque es una zona de paso muy transitada por su cercanía a la estación de trenes y que tuvo que verse obligado a cerrar permanente por culpa de la crisis económica del inicio de la década. 

Fue en este sitio cuando un mediodía llegaron a comer tres amigos de aproximadamente veinte años. Y aunque a simple vista no parecía que iban a causar ningún problema ni que fueran chicos problemáticos, terminaron llevándose la lección de sus vidas. 

Pidieron raciones de comida para compartir entre todos y estuvieron disfrutando de ellos durante más o menos dos horas. 

Pero el problema apareció cuando llegó la hora de pagar. Cuando el camarero les acercó la cuenta, el precio total que debían pagar era superior al que tenían previsto. 

Uno de ellos no llevaba absolutamente nada de dinero, puesto que otro había quedado en invitarle. Sin embargo, entre los otros dos tampoco reunían la cantidad que tenían que abonar para hacerle frente a los costes de la comida. 

Fue entonces cuando se miraron los tres y empezaron a ponerse nerviosos y a entrar en pánico, sin saber qué iban a hacer. Y en aquel momento surgió una idea, que fue más allá de las simples bromas: irse sin pagar. 

A pesar de que uno de los jóvenes se negaba a marcharse sin abonar el importe, finalmente acabó cediendo a las insistencias de sus amigos y aprovechando aquel momento en el que los camareros estaban distraídos para abandonar el lugar sin que se dieran cuenta. 

Una lección que recordaran siempre

Cuando empezaron a tomar posiciones para levantarse y marcharse, apareció de forma repentina la señora que estaba sentada en una de las mesas contiguas y que había sido testigo de lo que estaba sucediendo. 

«¿Qué pasa aquí? ¿Os parece bonito lo que queréis hacer? ¿Sois conscientes de que si os vais sin pagar son los camareros los que tienen que pagar vuestra gracia?», les reprendió la mujer. 

Ante esto, los jóvenes se quedaron sin palabras y no sabían qué hacer porque tenían miedo de que la susodicha avisara a los empleados del establecimiento de lo que iban a hacer. 

Sin embargo, la señora de mediana edad, lejos de alertar a los camareros, se ofreció a ayudarles: «A ver, ¿cuánto dinero os falta por pagar?», les preguntó y ellos a pesar de que en un primer momento se negaron, finalmente le dijeron la cantidad que necesitaban. 

«Yo no quiero que me deis las gracias, sino que comprendáis el daño que hacéis haciendo este tipo de cosas», les dijo a los jóvenes, que nunca supieron que la mujer que les ayudó se llama Mari Carmen y es una religiosa Teresiana.


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