Imagen de archivo de un escáner de un cerebro

¿Cómo es el cerebro humano? Características y curiosidades

Los avances en neurociencia nos desvelan novedades acerca de nuestro cerebro y sus posibilidades futuras

José Saramago, escritor — Premio Nobel de Literatura — y periodista, afirmaba que todo lo que sabía era que todo está dentro de nuestro cerebro; y es que, tanto de forma literaria como de manera neurocientífica, es así. Además de tener numerosos componentes y facilitar diversas funciones, el cerebro mantiene cada función vital del cuerpo.

Ya desde la época de Platón se hablaba sobre el papel de este órgano. El filósofo griego lo relacionaba con el Alma racional, una de la tres partes del alma — psique — que describió en su ‘República’. Así, esta parte se encontraría en el cerebro y estaría caracterizada por la inteligencia, la prudencia y la sabiduría.

Muchas culturas compartían la idea de Platón. Más concretamente, pensaban que el alma se encontraba en el líquido cefalorraquídeo: un líquido de hasta 150 mililitros de volumen que baña la  médula espinal  y el encéfalo y sirve de protección física e inmunológica.

Aunque las discrepancias en la Antigüedad, debido a la insuficiencia de datos y estudios del momento, conducían a ciertas prácticas características como la eliminación del cerebro de las personas fallecidas en la civilización egipcia, debido a que para ellos ya no tendría utilidad.

Descartes, el padre de la filosofía moderna; Darwin, naturalista del que se destaca su planteamiento de la idea de la evolución, y numerosos estudiosos más, han propuesto a lo largo de la historia sus teorías y opiniones sobre el cerebro: sus funciones, su arquitectura, su utilidad…

El ensayo/error ha sido, como en muchas otras áreas, el que ha permitido conocer qué es realmente el cerebro.

Una de esas pruebas la realizó Guillaume Duchenne seccionando la  corteza callosa — que conecta los hemisferios y coordina las funciones de ambos — para curar la epilepsia. Por supuesto, el paciente empeoró tras la operación; pero se comenzó a entender el funcionamiento de los hemisferios izquierdo y derecho.

Sin embargo, hasta finales del siglo XIX no se concretaron estudios sobre el órgano principal del sistema nervioso central. Y, actualmente, contamos con tecnologías más avanzadas para el estudio de la anatomía y el funcionamiento del cerebro en personas vivas, como: la encelografía — EGG — o la tomografía axial computerizada — TAC —.

Gran interés ha suscitado la resonancia magnética funcional — IRMf — un avance que permite ver las zonas activas del cerebro, a propósito del Día Mundial del Cerebro el 22 de julio, fecha establecida por la Federación Mundial de Neurología  para concienciar sobre las enfermedades que puede desarrollar este órgano.

¿Cómo es el cerebro humano?

Tras todas las investigaciones y estudios realizados hasta el momento, sabemos que el uno de los órganos más complejos del organismo. Está formado por 87 mil millones de células nerviosas — neuronas — y pesa aproximadamente 1,4 kilogramos. En relación con el peso corporal, representa el 2 por ciento, aunque utiliza el 20 por ciento de la energía total que usa el cuerpo humano.

También su volumen es variable, de media se puede decir que tiene un tamaño de 1.200 centímetros cúbicos. El cerebro es la parte más representativa del encéfalo, este último junto a la médula espinal componen el Sistema Nervioso Central.

En términos generales, en el cerebro podemos encontrar partes bien diferenciadas. Por un lado: los ganglios basales cubiertos por la corteza cerebral. Y, dentro de esta estructura se sitúan: el núcleo caudado, el globo pálido, la  amígdala y el putamen. En términos generales, la capacidad de movimiento es gracias a esta estructura.

Por otro lado, tenemos al hipocampo, muy importante con relación a la memoria. Y, el córtex cerebral dividido en los hemisferios izquierdo y derecho, a los que se puede atribuir el control del cuerpo, aunque invertido: el hemisferio izquierdo controla la parte derecha del cuerpo y el hemisferio derecho controla parte izquierda del cuerpo.

Los hemisferios ocupan la mayor parte del cerebro y quedan separados por la fisura interhemisférica y unidos por el cuerpo calloso. Las porciones de corteza cerebral que se sitúan entre las cuatro cisuras cerebrales que delimitan a los hemisferios son conocidas como lóbulos: el lóbulo frontal, el parietal, el temporal y el occipital.

¿Para qué sirve el cerebro?

Este órgano — no músculo como a veces se puede llegar a confundir — realiza numerosas funciones vitales dentro de un proceso muy complejo. Es el encargado de controlar la memoria — aunque es muy subjetivo: el recuerdo varía según las emociones, los marcadores somáticos… — , la percepción y el aprendizaje. Permite a los humanos reflexionar, razonar, sentir y tener emociones y sentimientos.

A su vez, es el máximo responsable del control del movimiento, debido a lo que podemos realizar actos tan habituales como caminar o correr, cantar, hablar, bailar… Y, gracias a él, podemos disfrutar de los cinco sentidos: la vista, el gusto, el tacto, el oído y el olfato, ya que, además de ser el receptor de la información que nos llega del exterior mediante los sentidos, también la procesa y la interpreta.

El cerebro se encarga de las  funciones vitales, por ejemplo: respirar, regular la temperatura y la presión sanguínea, el sueño, regula la tasa cardíaca, la sed, el hambre…

¿Cómo funciona?

80 mil millones de neuronas que envían información a 360 kilómetros por hora son la respuesta a esta pregunta. Unas células que mandan las señales mediante 1.000 billones de conexiones sinápticas. Sin embargo, no todas son iguales, existen más de 10.000 tipos diferentes de neuronas para procesar los distintos tipos de información.

Podría decirse que el funcionamiento del cerebro se basa en la transmisión de información entre las neuronas: formadas por un núcleo localizado en un lugar llamado soma y un axón y varias dendritas que salen del pericarion.

Las sinapsis son los lugares de conexión entre las neuronas por las que se transmiten los impulsos nerviosos — entre el final de un axón de una neurona y las dentritas o el cuerpo de otra neurona —.

A través de estos impulsos eléctrico-químicos las neuronas envían y reciben neurotransmisores — que segregan serotonina, dopamina, acetilcolina… —, que funcionan como si fuesen botones activando ciertas acciones.

El proceso, aunque complejo, ocurre de forma muy rápida al igual que las respuestas a esos estímulos.

El futuro del cerebro humano

Con el paso de los años, las tecnologías en referencia al cerebro y los datos que tenemos hasta ahora nos parecerán mínimos, ya que las investigaciones y estudios en esta área son cada vez más numerosos y los avances están a la hora del día.

Podemos afirmar, por ejemplo, según averiguaciones relativamente recientes, cómo era el cerebro del físico Albert Einstein. Y queda confirmado que no era de un tamaño superior a la media — de hecho, su peso era de un 10 por ciento por debajo del peso habitual de un cerebro normal —, sin embargo, el número de neuronas era bastante mayor.

Además de las investigaciones, estamos inmersos en épocas de cambios y progresos. Son habituales los proyectos que unen tecnología y neurociencia, aunque muchos de ellos quedan sin desarrollar plenamente o a la espera de avances superiores en la ciencia.

Uno de esos proyectos es el del empresario Elon Must, más conocido por ser, por ejemplo, cofundador de PayPal, director general de Tesla Motors o nombrado por la revista ‘Forbes’ como la 21ª persona más poderosa del mundo.

Neuralink es el proyecto que lleva años ideando pero parece que ahora tiene más impulso. Consistiría en fusionar el cerebro humano con los ordenadores. Algo que, si se llegase a conseguir, marcaría un antes y un después en la historia de la  inteligencia artificial.

Otra muestra del auge en lo que respecta a los estudios directamente o indirectamente relacionados con el cerebro es el neuromarketing: el análisis de los comportamientos y reacciones producidos ante las prácticas de la mercadotecnia — qué procesos se desarrollan en relación con la toma de decisiones de los consumidores, qué niveles de emoción evoca la publicidad… —

La explicación del neuromarketing es sencilla, y es que aproximadamente el 95 por ciento de las decisiones se toman de forma inconsciente. Además, al contrario de lo que se suele pensar, el cerebro solo realiza una tarea, es decir: aunque parezca que está haciendo varias actividades a la vez, lo que realmente hace es saltar de una a otra, no es capaz de ejecutar dos tareas al mismo tiempo.

Por lo que al estudiar cómo el cerebro toma esas decisiones se puede llegar a planificar una de las mejores investigaciones de mercado.

Adelantándonos al futuro, es imposible adivinar sobre qué aspecto concreto hablaremos cuando tratemos sobre el cerebro. Es más, es complicado averiguar hacia qué áreas derivará la neurociencia: revisiones en profundidad hacia el pasado, unión con las nuevas tecnologías, novedades en la arquitectura y en las funciones del cerebro, nuevas premisas…