Efectivos sanitarios con equipos de protección individual atendiendo un paciente durante la emergencia del Coronavirus

Sí se puede: La carta de Lucas, el español de 10 años que ha superado el coronavirus

«Una de las cosas que más le preocupaba es que había oído que los enfermos se quedan solos. Se derrumbó», manifestaba la madre del menor

En el Hospital de La Paz de Madrid hubo un niño ingresado por coronavirus  al que le han apodado, entre los propios sanitarios, como ‘Súper Lucas’. ¿El motivo? El menor, que cumplió 10 años en el centro médico, presentaba anticuerpos. Se le están haciendo exploraciones, análisis, preguntas...para tratar de encontrar el por qué se puso tan malo cuando, según las estadísticas, los menores no presentan tan sintomatología frente al virus.

En España, 62 menores de 19 años han pasado por el mismo proceso que Lucas, de los cuales siete no han sobrevivido. La gran mayoría de los menores que han requerido de UCI son bebés o adolescentes. La situació de Lucas ha sido realmente compleja, pues los sanitarios llegaron a advertir a su madre, Elena, que estuviese preparada para lo peor. Según ha explicado la madre en ‘El Confidencial’, su hijo no paraba de empeorar  y el pulmón salía «blanco entero» en la placa.

«Era como si acabasen de entrar cuatro astronautas en la habitación, con sus trajes blancos. Dijeron que yo no lo podía acompañar mientras lo trasladaban y él se asustó mucho, pensó que ya no me iba a ver», recordaba.

«Una de las cosas que más le preocupaba es que había oído que los enfermos se quedan solos. Se derrumbó, se puso a llorar y le dio un ataque de tos que se me ahogaba. Le dije que confiase en los médicos, que le iban a ayudar. Según entró le dio otro ataque de tos y se le echaron encima siente médicos. Estuvieron a punto de intubarle. Yo no me atrevía a preguntar si se iba a morir. Les decía si estaba evolucionando tan mal como un adulto», añadía.

Según Elena y su marido Elías, han perdido mucho peso durante las últimas semanas. «A mí además se me cae el pelo que, si sigo así, me quedo calva», relataba. Su marido ha manifestado que: «Yo estuve menos en el hospital y más en casa, pero te aseguro que no sé qué es peor si estar allí o solo en casa esperando una llamada, preocupado porque no responden a un mensaje... Fueron muchos días sin dormir ni un minuto».

El menor había padecido de bronquiolitis cuando era tan solo un bebé y hace dos años sufrió de neumonía. Empezó a sentirse mal el pasado 17 de marzo: «El niño primero me dijo que le dolía la tripa, un poco el pecho, pero llevábamos muchos días siguiendo las noticias, además tengo compañeros de trabajo en Milán y habíamos hablado mucho del coronavirus delante de él. No le di importancia. Le dije que serían gases, que se tirase cuatro 'peos' y se olvidase», explicaba Elena.

En la jornada siguiente, el 18 de marzo, empezó a quejarse de que le dolía al respirar y entonces fue cuando se preocuparon de verdad. «En el mes de febrero yo volé a Portugal, mi jefe había estado en Milán… Lo podíamos tener todos. Llamé al centro de salud y  me atendieron. Cuando llegué no tenían muchas medidas de protección todavía. Lo auscultaron y no oían nada. Paracetamol y a casa», manifestaba.

Lucas empeoraba 

Por la noche Lucas marcaba en el termómetro 39.5 de fiebre, pero no quisieron darle ibuprofeno, pues desde Francia se decía que podía ser contraproducente. «Le di paracetamol y me fui a Urgencias de La Paz. Estaba todo casi vacío, ellos con mascarilla, era fantasmagórico. El niño se pone nervioso y acaba vomitando en una papelera. La fiebre le había bajado mucho. Le vuelven a auscultar, un chute de metalgial y de nuevo para casa».

Pese a que al día siguiente, el pequeño no presentaba fiebre, sus padres observaron que estaba empeorando: «Tenía un carita... Respiraba pero estaba agotado, con unas ojeras que te mueres. Decía que estaba muy cansado, no quería ni jugar a la PlayStation», manifestaba el padre al citado medio. «Yo nunca lo había visto así, ni con la neumonía», decía su madre. 

A las 8 de tarde volvían a Urgencias. Le hicieron una placa para ver qué tenía Lucas y cuando regresaron con la radiografía, los sanitarios les advirtieron de que no tenía buena pinta.

Poco después, le realizaron la prueba del coronavirus  y dio positivo. Le diagnosticaron «neumonía bilateral con derrame pleural en el pulmón izquierdo», recordaba Elena.

La situación del pequeño no paraba de empeorar  y, pese a que le daban la medicación con agua y azúcar para que las tolerase, las vomitaba. «El domingo, a la una de la mañana, asoma el pediatra otra vez y me dice que el niño ha empeorado y que ha estado hablando con los intensivistas», relataba la madre del menor. En ese momento, los especialistas decidieron ingresarlo en la UCI.

El padre se enteró por teléfono de la situación: «Mi mujer me dice que el niño no reacciona a ninguna medicación. Cojo el coche y me voy a 200 por hora. Casi me mato por el camino varias veces. Al llegar, me encuentro a mi mujer destrozada en la puerta de la UCI. Nos sentamos con el médico y nos explica con mucha claridad las cosas. Nos dice que si está ahí es porque está muy mal. Lo hace con un tacto y una claridad increíbles. Si no has vivido una UCI  es bastante impactante. Es como un hotel de cinco estrellas en el que vienen a verte cada pocos minutos para que estés bien».

Ante todo, los padres del menor están muy agradecidos a los sanitarios que han tratado al pequeño Lucas: «El motivo por el que hemos querido contarlo es sobre todo para darles las gracias, para que se sepa lo que están haciendo. Ana, Elena, el doctor Meléndez... no puedo expresar lo que siento hacia ellos. Nos fuimos casi sin poder despedirnos porque va todo muy deprisa y estás en una nube, yo al final del cansancio no oía los pitidos…».

Pese al traslado a la UCI, Lucas no mejoraba: «Le pusieron un respirador de flujo rápido y bocabajo. El kaletra le empezó a dar mucha diarrea».

Llegan al punto en que le ofrecen probar un medicamento que en Estados Unidos está dando buenos resultados con el coronavirus. «Lo estaban trayendo de Estados Unidos y nos dicen que cuando llegue se lo pueden administrar, que es un medicamento que se usa con el ébola y está dando buenos resultados con coronavirus. Tuvimos que firmar un papel aceptando el tratamiento porque no estaba probado con niños. Me da miedo pero nos fiamos y lo firmamos», manifestaba Elena.

Pero la situación en Madrid frente al coronavirus empeora, y el centro médico se empieza a transformar en un hospital de campaña: «Los niños que no eran covid los suben a reanimación y a nosotros nos cambian a una habitación del fondo. Desenchufan a Lucas del respirador para moverlo y empezaba a ahogarse. Cuarenta metros, pero casi me desmayo. Empiezan a cambiar los protocolos, que si zona limpia, zona sucia. Un lío», rememora la madre de Lucas.

«Nos meten en una esquina, en una habitación acristalada pero más pequeña. Lucas está todo el tiempo bocabajo. Es como un hospital de guerra. Gente para arriba, para abajo, moviendo camas», continuaba explicando Elena a ‘El Confidencial’.

Los protocolos se multiplican para tratar a los pacientes, para evitar al máximo el riesgo de contagio entre ellos, o a nuevos pacientes: «Para ponerle un termómetro, para cualquier cosa, se tienen que poner de astronauta en blanco, las gafas como de esquiar, la pantalla esa y la releche. Tardaban una eternidad y el traje es un infierno. Salían empapados en sudor. Tiene que ser gente muy fuerte para soportar eso», explicaba Elías.

Su marido describe con fascinación el protocolo  que tienen que seguir enfermeras y pediatras cada vez que entran a ver a Lucas. 

Elías se puso en contacto con la hermana de un amigo esa noche, con un puesto de relevancia en la pediatría del Niño Jesús: «Me dice que están todos los pediatras de España mirando qué coño le pueden dar a Lucas, que me fíe, que está en buenas manos, en las mejores, que La Paz, como el Niño Jesús, tiene la mejor tecnología, los mejores profesionales, la mejor medicina…».

La situación de Lucas, pese a los tratamientos y las asistencias médicas, no dejaba de empeorar: «Leíamos que con los adultos  el covid actúa así. Un deterioro muy rápido, te sedan y o te estabilizas o te mueres», recordaba su madre.

«Al final no hizo falta intubarle y empezó a recuperarse tan rápido como había empeorado. El viernes estuve con él y se vio la grabación del Madrid-Atleti de la Champions. Fue tan rápido que no te das ni cuenta. Al día siguiente lo sacaron de la UCI», decían añadiendo que el medicamento traído de Estados Unidos podía ser la causa de la mejora. Seis días después, Lucas pudo dormir en casa, explicaba su madre aliviada.

Durante su estancia en el hospital, la madre del pequeño sufrió fiebres y otros dolores, por lo que asume que también ha pasado el coronavirus, aunque no le han realizado test. «Te juro que ni pensaba en ello, me daba igual. Estaba demasiado preocupado por Lucas. Me eché tanto alcohol en las manos que no sé si los sabañones eran de eso o del virus. Tuve un dolor de cabeza brutal, ganas de vomitar, diarrea. Y el paracetamol no me quitaba el dolor de cabeza. Estuve ocho días mala, aunque algunos puede que fuese del nivel de estrés que llevaba encima», explicaba.

Estudian el caso de Lucas

Ahora, Lucas está apuntado a un programa de la comunidad médica y científica, con el objetivo de investigar la enfermedad: «Nos preguntaron y dijimos que sí, sin dudarlo, lo que haga falta. Venimos hoy del hospital y están estudiando unos 7.000 casos a nivel nacional. De todos los casos pediátricos que ha habido, 45 han pasado por La Paz. Le miran de todo: pediatría, analítica, ocho tubos de sangre le han sacado, nos piden información de alergias, estudian su genética. Hoy le han dilatado la pupila del ojo para ver las venillas, y revisar si puede haber alguna secuela o alguna derivación como esos casos de Alemania y Estados Unidos, pero está sano. Los pulmones los tiene como nuevos».

Pese a ello, no bajan la guardia y Elías explica que  a Elena todavía le cuesta dormir por las noches.

La carta que escribió Lucas

Todo empezó un miércoles que me dolía mucho el pecho. Todos pensamos que eran gases pero no, y lo descubrimos al día siguiente cuando me subió la fiebre.

Fuimos al médico y nos dijeron que tenía que tomarme una medicina. Al día siguiente no tenía apenas fiebre pero sí estaba tan cansado que decidimos ir al hospital, donde allí me dieron otra medicina, aún más efectiva, por si me subía demasiado la fiebre tomármela.

Ya el sábado, después de haber ido al hospital, me levanté mareado y con ganas de vomitar. Me tomé la medicina y la vomité. Luego me tumbé en el sofá todo el día sin ni siquiera ver la tele porque pensaba que me iba a doler la cabeza y con la tiritona constantemente.

Me encontraba fatal, estaba cansado y sólo quería que todo acabase. Mis padres decidieron llevarme al hospital a hacerme una placa y a ver si era positivo en coronavirus. Y tras dos horas esperando los resultados de la placa, vieron que tenía neumonía. Eran como las dos de la madrugada y yo por fin pude acostarme pero esta vez no en mi cama sino en la del hospital. Exacto, me ingresaron.

Al día siguiente me desperté, al momento me dieron los resultados de coronavirus y efectivamente di positivo. Era la segunda vez que me ingresaban así que tampoco pensé que iba a ser para tanto hasta que llegó el día siguiente, que me metieron en la UCI.

Me costaba respirar, así que me tuve que poner bocabajo y con una máscara que me diese aire. La máscara era tan grande que tenía que estar con el cuello torcido. En esa posición tan incómoda solo pensaba en salir de ahí. También pensaba que mi cumple era en cinco días y que sí me iba a dar tiempo a estar en mi casa, como lo celebraría y muchas más cosas.

Al final todo el mundo me trataba bien y siempre me miraban por si había algún problema. Tras cuatro días en la UCI, ya estaba mucho mejor, apenas necesitaba el aire y ya me pude poner boca arriba. Los médicos me vieron y me dijeron que ya podían subirme a una habitación, que bueno, no cambiaba mucho la cosa porque era el único que había en la UCI, pero bueno, la habitación significaba que estaba mejor.

De vuelta a la a habitación, lo único que hacía era dormir, la tele y aburrirme. Hasta pensé que se me olvidaba algo y era que al día siguiente era mi cumple. De repente entró por la puerta otro niño, íbamos a compartir habitación. Suerte que los dos éramos del Madrid porque nos tiramos todo el día viendo partidos antiguos de fútbol. ¡Ya era mi cumple!

Muchísimos amigos y familiares me hicieron un video, felicitándome. ¡Incluso gente que no conocía! Por lo menos ese día estuve más entretenido. Hasta los médicos en la comida me ponían:

¡Feliz Cumpleaños!

Ese día mi compi de habitación ya se iba, estaba curado y yo estaba convencido de que pronto yo también lo estaría. Al día siguiente no hice nada especial, salvo una cosa, una videollamada con mis amigos. Estuvimos como una hora y se me pasó volando.

Y una de las pocas alegrías que me dieron fue al día siguiente cuando me dijeron que, si no hoy, mañana me daban el alta. Me hicieron una placa y todo estaba casi perfecto pero un día más necesitaba para terminar la medicina. Aquella noche solo pensaba en dormirme y despertarme tarde para no seguir mucho más tiempo allí. Y así fue, me desperté, desayuné, y me fui. Mi padre y mi hermana estaban esperando en la puerta. Al fin todo acabó.