Efectivos sanitarios con equipos de protección individual atendiendo un paciente durante la emergencia del Coronavirus

Un médico español se confiesa sobre el coronavirus: 'He vivido momentos de mucho miedo'

Denuncia que los médicos de la Atención Primaria son 'los grandes olvidados' de esta crisis

Tras más de 30 años de trayectoria como médico, Ángel Parra tuvo que enfrentarse, con 62 años, a la peor pandemia que ha vivido el mundo en el último siglo. Tal y como ha explicado a Laura Bello, periodista de 'El Español', nunca se hubiera imaginado una situación así, pero como todos los médicos de nuestro país, ha tenido que «adaptarse» y «actuar con rapidez».

El médico ha explicado que actualmente trabaja en el centro de salud de Iturrama, en Navarra, y cumple una función vital en el servicio de Atención Primaria, donde recibe llamadas de posibles contagiados con coronavirus y hace un diagnóstico precoz que más tarde deberá ser validado por una prueba PCR, como así lo requieren los protocolos del Ministerio de Sanidad. 

«Si la persona indicaba que tenía la sintomatología del Covid-19, lo diagnosticábamos y le explicábamos todas las medidas necesarias para que se mantuviera aislado», explica, y añade después que se empezaba un seguimiento por vía telefónica para controlar el estado del paciente, y en el caso de complicaciones, «le pedíamos que visitara el centro de salud o íbamos nosotros directamente a su domicilio para decidir si debía ir a un hospital o podíamos seguir manejándolo nosotros».

La Atención Primaria, vital en el control de la pandemia

Ángel, como muchos otros médicos, ha ejercido y sigue ejerciendo un trabajo vital en el control de la pandemia para poder detectar casos de coronavirus de forma precoz y evitar nuevos rebrotes descontrolados como el que en marzo llevó al país a dos meses de cuarentena obligatoria. 

Tras estos meses de confinamiento y con la llegada de la desescalada, el trabajo sanitario en la Atención Primaria toma la delantera después de semanas donde fueron los hospitales los grandes focos de la infección. 

Pero hay personas que no pueden permitirse trasladarse a su centro médico, ya sea por su edad, por dificultades físicas o directamente porque su centro médico le queda muy lejos, como ocurre en muchas poblaciones pequeñas de nuestro país. 

En estos casos, la atención personalizada y telefónica toma una gran relevancia, y en otros casos incluso es necesaria la atención domiciliaria para facilitar el trabajo tanto a los médicos como a los pacientes: «Ir a las casas era la mejor medida cuando los pacientes se complicaban, pero no era una decisión fácil, ya que nos estábamos exponiendo de frente al virus tanto las enfermeras como los médicos. Debíamos ir muy bien preparados, con EPI y productos de desinfección».

El médico explica que durante este proceso llegó a vivir momentos de mucho miedo, pero también de satisfacción: «En una casa a la que fuimos nos encontramos con una señora de 90 años y, contra todo pronóstico pasó el contagio sorprendentemente bien y se recuperó. Pero también me ha tocado ver casos de adultos mayores con cuadros de neumonía que debieron ser trasladados al hospital».

«Los grandes olvidados»

En ese sentido, Ángel explica que los médicos de atención primaria han sido los grandes olvidados de la crisis sanitaria. Los aplausos, las portadas, los informativos... todos ellos ponían en primera línea de fuego a los hospitales y la saturación de las UCI, pero el trabajo de atención primaria evitó que más gente acudiera a los hospitales y se produjese un verdadero colapso, y según Parra, no se les tiene en cuenta. 

Salvador Illa, ministro de Sanidad, sí se acordó de esos médicos en su comparecencia del 16 de abril, defendiendo que su trabajo «ha evitado un mayor número de ingresos hospitalarios». Ángel explica además que «es difícil tener que enfrentarte al miedo de poder infectarte y de no saber nunca si llevarás el virus a casa. Aunque yo no me contagié en el centro de salud, varios médicos y enfermeras han pasado el virus».

Estos tres meses de trabajo incansable en los hospitales y centros de salud ha provocado que los sanitarios estén actualmente «agotados», y no solo por las incansables horas de trabajo, sino por la gran carga emocional que toda la situación les ha provocado. En ese sentido, Ángel asegura que «se merecen unas vacaciones y una subida de sueldo», pero confiese que nada de eso es accesible actualmente.